Santander tiene de nuevo a la vista uno de sus conjuntos escultóricos más queridos. La fuente dedicada a la escritora Concha Espina, ubicada en los Jardines de Pereda, ha sido restaurada y vuelve a estar accesible para todos los ciudadanos y visitantes que paseen por esta céntrica zona de la capital cántabra.

El monumento había permanecido cercado durante meses tras la instalación de vallas de obra para protegerlo durante los trabajos de construcción de Faro Santander. Lejos de quedarse ese tiempo en simple resguardo, se aprovechó la ocasión para acometer una intervención de restauración que ha devuelto al conjunto su aspecto original.
Los trabajos corrieron a cargo de la empresa GRAP, contratada por el Banco Santander, y se prolongaron desde el mes de abril hasta la semana pasada. Las vallas ya han sido retiradas y la fuente luce recuperada frente al nuevo edificio Faro Santander.
Al frente de la restauración estuvo Lydia Quevedo, directora de GRAP y también al mando de la Fundación Santa María de Toraya. Con casi tres décadas de trayectoria en la recuperación del patrimonio regional, Quevedo describe la intervención como un trabajo minucioso y de vocación artesana. Entre las actuaciones realizadas destacan la limpieza de humedades y pintadas, así como el tratamiento específico de los distintos materiales que componen la pieza.
Y es que el conjunto es una combinación de piedra caliza, mármol y bronce. Presenta una estructura en forma de U con un estanque en la parte delantera, alimentado por dos tondos, y un frontón que rinde homenaje a Víctor de la Serna, hijo de la escritora y reconocido periodista. La escultura sedente de la propia Concha Espina, en mármol, es la pieza central del monumento.
La obra fue creada por el escultor palentino Victorio Macho en la década de 1920 y costeada por la propia ciudad de Santander. Su inauguración tuvo lugar en agosto de 1927 en un acto presidido por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, un acontecimiento que subrayó la importancia que Santander otorgaba a su escritora más universal.
Lydia Quevedo también ha intervenido recientemente en la fachada histórica del edificio que aloja Faro Santander y en la del Club de Regatas, consolidando así su papel como una de las principales referencias en la conservación del patrimonio arquitectónico y escultórico de Cantabria.
Con su vuelta a la vista, el monumento recupera su lugar como punto de referencia cultural y simbólico en el corazón de Santander.
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