Encontrar un hueco gratuito para el coche en Salamanca se ha convertido en una carrera de fondo, en ocasiones literal. La expansión de la zona de estacionamiento regulado a 35 nuevas calles ha empujado a muchos conductores a una elección nada sencilla: caminar largos tramos desde los aparcamientos disuasorios o rascarse el bolsillo cada vez que entran en la ciudad.

La capital charra no para de crecer en vehículos. Con 216.000 habitantes y una atracción constante de tráfico procedente de municipios cercanos, el centro se ha vuelto prácticamente intransitable para quien busca plaza sin pagar. La zona azul y verde ha alcanzado ya todo el perímetro de la vía de ronda y se ha extendido a barrios como Prosperidad, Rector Esperabé, Canalejas o las inmediaciones del cuartel de la Policía Nacional, donde hace apenas unas semanas aparcar no costaba un solo euro.
La alternativa pública y gratuita existe, pero tiene un precio en tiempo. La ciudad cuenta con 66 aparcamientos disuasorios que suman más de 6.500 plazas repartidas por toda la periferia. Los paneles informativos han estrenado una versión mejorada que incluye, entre otros datos, el tiempo a pie hasta la Plaza Mayor. El resultado no deja lugar a dudas: el más cercano está a 13 minutos caminando, y el más lejano, el del Zurguén, a 27. La mayoría obliga a superar el cuarto de hora.
Esa distancia marca también una frontera económica. Dentro del kilómetro y medio que rodea el corazón de la ciudad, casi todo es de pago. Fuera de ese radio, el asfalto es libre, pero las piernas lo notan.
Ante este escenario, los abonos en parkings subterráneos empiezan a ganar atractivo. Aparcar durante un mes en instalaciones como el del Campillo cuesta en torno a 125 euros con un abono mensual, frente a los más de 200 euros que puede suponer pagar ticket a ticket en la calle. A lo largo de un año, la diferencia es abrumadora: 1.500 euros de abono frente a más de 6.000 en zona azul.
El debate entre pagar o caminar no tiene una respuesta universal, pero sí una conclusión clara: Salamanca está redibujando sus calles y quien quiera dejar el coche cerca del centro tendrá que asumir que esa comodidad ya tiene precio.
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