Un rebaño de merinas negras pasta tranquilamente en los terrenos periurbanos de Cáceres mientras, sin saberlo, cumple una función que las administraciones ya reconocen como esencial: limpiar la maleza y reducir el riesgo de incendios forestales en época estival.

Tres ganaderías ovinas conviven hoy en la zona de la Ribera del Marco y la falda de la Montaña, a los pies de la Sierra de la Mosca. En total suman 270 cabezas repartidas entre los rebaños de Vicente Conejero, con 40 animales; Jesús Sánchez, con 130; y el de la cooperativa integral Actyva, que aporta otras cien cabezas a través de su proyecto ‘Merineando’.
«Las ovejas son bomberos. Donde están ellas, no hay fuego», afirma Vicente Conejero, ganadero de toda la vida que durante años regentó una carnicería en la ciudad. Su convicción no es solo fruto de la experiencia propia, sino de una práctica cada vez más reconocida por expertos y administraciones.
La cooperativa Actyva, conocida en la capital cacereña por organizar el mercado ecológico de la Plaza Mayor, lleva en esta actividad desde 2014. Arrancaron en la Solana, con entre 30 y 40 hectáreas, y en 2016 ampliaron su presencia a Valdeflores, con otras 50 hectáreas.
Gonzalo Palomo, director técnico de la explotación, explica que el pastoreo se planifica de forma estratégica. «Cuando hacemos el redileo en las noches de otoño lo hacemos en zonas matorralizadas para ir limpiando y generando cortafuegos productivos», detalla. Además del control del fuego, los estudios de la cooperativa apuntan a otros efectos positivos, como el mantenimiento de la biodiversidad y el aumento del carbono en el suelo.
El modelo no recibe financiación pública en Cáceres, a diferencia de lo que ocurre en otros puntos de Extremadura, donde la Junta pagaba a varios ganaderos por este servicio. En el caso de Actyva, las parcelas son cedidas por familias propietarias a cambio de mantener los terrenos limpios, además de otras que tienen en alquiler.
Jesús Sánchez, el otro ganadero veterano del proyecto, lamenta que cada vez queden menos profesionales en este oficio. «Cada vez somos menos», dice, preocupado por la falta de relevo generacional que amenaza una actividad que resulta hoy más necesaria que nunca.
Con el verano en su punto más caluroso y el nivel de alerta por incendios en máximos, estas ovejas se convierten en la primera línea de defensa de uno de los entornos naturales más singulares de la capital extremeña.
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