La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha un ambicioso plan para recuperar las más de 27.000 hectáreas calcinadas por el peor incendio que ha sufrido la región en toda su historia. La hoja de ruta combina tecnología satelital, retirada de vegetación quemada y el cultivo acelerado de especies autóctonas en dos viveros autonómicos.

Los trabajos arrancan la próxima semana con una intervención de urgencia en los montes gestionados por la Comunidad. El primer paso será retirar el arbolado caído y los restos que puedan servir de combustible en futuros incendios, además de crear nuevas fajas de seguridad junto a las pistas forestales.
Antes de plantar un solo árbol, los técnicos necesitan saber exactamente qué se perdió y en qué estado quedó el terreno. Para eso se están utilizando imágenes de alta resolución captadas por satélite, combinadas con cartografía ambiental, que permiten identificar las zonas más erosionadas y priorizar las actuaciones.
Mientras se prepara el suelo, dos viveros del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario, situados en El Escorial y en Arganda del Rey, ya trabajan para triplicar su producción. Si hoy cultivan unas 100.000 plantas al año, el objetivo es alcanzar las 300.000 en el periodo 2027-2028.
Las especies elegidas no serán aleatorias. Encinas, quejigos, robles, fresnos, jaras, retamas y majuelos conviviran con ejemplares más escasos incluidos en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, como el tejo, el acebo, el madroño, el alcornoque o el olmo de montaña. Cada planta se ubicará en la zona donde mejor pueda adaptarse, usando como guía el Banco de Germoplasma Forestal, que almacena semillas clasificadas por lugar de recolección.
La presidenta regional anunció el inicio de los trabajos urgentes para la semana próxima, subrayando la necesidad de actuar con rapidez para evitar la proliferación de plagas y preparar el terreno para la futura reforestación.
El consejero de Medio Ambiente recordó que la Comunidad lleva años cultivando especies regionales para regenerar hábitats dañados, y que este año, tras la catástrofe vivida, ese esfuerzo se vuelve más necesario que nunca.
El plan también contempla prohibir las plantas arizónicas en jardines particulares cercanos a áreas forestales, ofreciendo ayudas económicas a los propietarios para que las sustituyan por variedades menos inflamables.
La Sierra Oeste tiene por delante un largo camino hacia la recuperación, pero las autoridades madrileñas aseguran que los medios y la estrategia ya están sobre la mesa.
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