Miles de personas se congregaron este sábado en los alrededores de la Basílica de Begoña para celebrar el Día de la Virgen, una jornada que este año tuvo un protagonista especial: el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, que vivió su última festividad como regidor de la Villa con un gesto que no dejó indiferente a nadie.

Tras participar en la misa presidida por el Obispo de Bilbao, Joseba Segura, Aburto se dirigió a la Plaza Juan XXIII donde, siguiendo la tradición, el grupo de dantzas Beti Jai Alai le solicitó permiso para bailar. El alcalde concedió el permiso, pero con una condición: bailar él primero. Así, con humildad y visiblemente emocionado, ejecutó su último aurresku como alcalde y lo dedicó a los ciudadanos de Bilbao en agradecimiento al «cariño, la cercanía y la ayuda» recibidos a lo largo de doce años de mandato.
«Han sido 12 años y es un momento para mí especial, es un momento relevante», señaló el primer edil ante los presentes en una plaza abarrotada. Tras él, los dantzaris de Beti Jai Alai tomaron el relevo con sus bailes ante el numeroso público congregado.
Antes de los bailes, Aburto compareció ante los medios y aprovechó la ocasión para lanzar un mensaje de calado político. Abogó por «recuperar la política como lugar de encuentro desde la posición de cada uno», algo que considera «más necesario que nunca» y que, según sus palabras, representa «una obligación urgente». También tuvo un recuerdo para quienes atraviesan situaciones de enfermedad o riesgo de exclusión social, y expresó su deseo de que Bilbao siga siendo «una ciudad con presente y, sobre todo, futuro».
En la homilía, el Obispo Segura guardó un momento de recogimiento por las víctimas de los terremotos de Venezuela y Colombia, y anunció que en octubre comenzarán obras arqueológicas en el suelo de la Basílica, lo que pone en duda la celebración de la misa en ese mismo emplazamiento el próximo año.
La jornada transcurrió bajo un cielo nublado y con apenas unas gotas de lluvia antes del inicio de la misa. Los vendedores de rosquillas, pasteles vascos y talos con chorizo reportaron una afluencia superior a la del año pasado, con cifras de venta claramente al alza.
Una festividad que, este año, quedará grabada en la memoria de la ciudad.



