Un nuevo colectivo ciudadano y empresarial se ha presentado en Aranda de Duero con el objetivo de revitalizar la lucha por la recuperación del tren Directo, la histórica línea 102 que conectaba Madrid con Burgos a través de la Ribera del Duero y que lleva décadas paralizada.

La organización, bautizada como Acción por el Tren, nace con la intención de sumar fuerzas a las ya existentes, especialmente desde el tejido empresarial, para incrementar la presión sobre las administraciones competentes. Sus promotores dejan claro que no pretenden sustituir a las asociaciones históricas que llevan años peleando por esta causa, sino cubrir un espacio que, según consideran, aún estaba vacío.
Pedro Iglesias, uno de los impulsores del colectivo, señala que Acción por el Tren quiere llenar «un hueco que no se estaba cubriendo», apostando por una implicación mayor del mundo empresarial junto a la ciudadanía. Para sus responsables, la unión de ambas fuerzas puede ser la clave para desatascar una reivindicación histórica para la comarca.
Bernardo López Vargas, secretario del colectivo, apela a la memoria local para argumentar su optimismo. Recuerda que logros como el hospital comarcal de Aranda o el desvío de la carretera N-I fueron posibles gracias a que «se unieron fuerzas ciudadanas organizadas». Con ese precedente en mente, confían en que una presión coordinada y sostenida dé sus frutos también con el tren.
Entre las primeras acciones concretas que plantean destaca una petición formal al Ministerio de Transportes para que retire la bateadora que lleva atrapada desde 2011 en el túnel de Somosierra. Esta máquina es uno de los obstáculos físicos que impiden hoy en día cualquier avance hacia la reapertura de la línea.
La retirada de ese equipo se estima en torno a los cuatro millones de euros. El colectivo va más allá y afirma que los municipios afectados podrían estar dispuestos a asumir ese coste si con ello se logra desbloquear definitivamente la situación.
La aparición de Acción por el Tren supone un soplo de aire fresco en una reivindicación que arrastra décadas de promesas incumplidas. La Ribera burgalesa vuelve a alzar la voz, esta vez con nuevos aliados dispuestos a pelear por recuperar una infraestructura que consideran esencial para el futuro económico de la zona.



