La falta de espacio en las viviendas de Menorca está creando un negocio inesperado: el alquiler de trasteros y guardamuebles crece con fuerza en la isla impulsado directamente por la crisis del mercado inmobiliario.

José Manuel tiene 42 años, vive en Maó y lleva seis meses buscando rehacer su vida tras una separación. Después de una búsqueda agotadora, lo máximo que encontró fue una habitación en un piso compartido. Quince metros cuadrados y un armario pequeño no dan para mucho. Una bicicleta, un kayak hinchable, muebles con valor sentimental, ropa, libros, una guitarra. Su solución: pagar 180 euros al mes por un habitáculo de seis metros cuadrados donde sus pertenencias esperan tiempos mejores.
Su caso no es una excepción. Cada vez son más los residentes de la isla que recurren al alquiler de trasteros ante la imposibilidad de contar con suficiente espacio en casa. Los pisos son más pequeños, compartir vivienda es más común y las situaciones habitacionales se han vuelto más inestables. Lo que antes era una tendencia de las grandes ciudades ha llegado a Menorca con fuerza.
La situación ha abierto un nicho de negocio para particulares que disponen de pequeños espacios que no pueden reconvertir en vivienda. Cuartos sin ventanas, plazas de garaje, bajos sin salida. Todo vale si sirve para almacenar. Las páginas de contactos entre particulares se han convertido en el escaparate habitual de esta oferta, donde los precios oscilan entre los 50 euros al mes de los propietarios más modestos y los más de 200 euros de los servicios más profesionalizados.
No solo los vecinos que comparten piso tiran de esta solución. Los trabajadores fijos-discontinuos que abandonan la isla cada invierno también han encontrado en el trastero una manera de evitar trasladar sus pertenencias temporada tras temporada.
El negocio, sin embargo, no está exento de problemas. Algunos propietarios exigen fianzas y meses por adelantado, y hay usuarios que denuncian haber encontrado espacios en malas condiciones o con servicios muy por debajo de lo prometido.
Este fenómeno no es el único que la crisis de la vivienda está generando en Menorca. Las lavanderías automáticas también han multiplicado su presencia en los cascos urbanos, alimentadas por el auge de los pisos compartidos y la falta de espacio para lavadoras y tendederos.
Son las consecuencias cotidianas, casi invisibles, de un mercado inmobiliario que sigue sin encontrar respuestas.
Más noticias de Menorca
Menorca vive su segunda rissaga en menos de tres días con oscilaciones que pueden superar el metro
Sillas, bolígrafos y camisetas de colores: así será la cadena humana del sábado en Palma para exigir otra Mallorca
Menorca quema más gasoil que nunca pese al récord solar: la térmica de Maó sube su producción un 10 %