Javier Sánchez Villares, conocido como el ‘bocatero’ de Piccolo, se jubilará en abril y cerrará las puertas de este emblemático establecimiento en la zona de Cantarranas. Con más de tres décadas de historia, Piccolo ha sido un referente para aquellos que buscan un bocadillo caliente tras una larga noche de fiesta. Muchos vecinos y jóvenes de Valladolid han encontrado en este local un punto de encuentro y un refugio al salir.

Desde que Javier tomó las riendas de Piccolo hace 11 años, la tradición ha continuado, y con ella miles de bocadillos servidos. Javier, que llegó a Valladolid para el servicio militar, dejó el mundo de la construcción por su lesión de rodilla. Con una vida dedicada tanto a la obra como a la cocina, ha sabido ganarse el cariño de sus clientes a través del trato directo y personal.

A medida que se aproxima su jubilación, los comentarios de los clientes sobre su cierre van en aumento. Muchos expresan su tristeza al saber que perderán una parte de su rutina nocturna. Además, el negocio ha visto generaciones enteras pasar por su mostrador, lo que ha cimentado su lugar en el corazón de la comunidad.

Javier asegura que el futuro de Piccolo se ve alentador. Tiene varias ofertas de traspaso en la mesa y parece que el local seguirá abierto. Así, la tradición de satisfacer el hambre nocturna de los vallisoletanos podría no extinguirse con su marcha. Los nuevos propietarios podrían aportar frescura y nuevas ideas al menú, algo que también ha mencionado Javier.

En sus mejores noches de feria, el local llegó a preparar más de 800 bocadillos. Aunque el ritmo ha cambiado en los últimos años, la esencia de Piccolo se mantiene. Esto refleja una evolución en las costumbres de ocio de la ciudad, donde nuevos locales han surgido, aumentando la competencia.

Las redes sociales y la comunidad han respondido al anuncio de su jubilación con un torrente de buenos deseos. Javier, visiblemente emocionado, ha expresado su agradecimiento a todos sus clientes a lo largo de los años. Cerrar este ciclo le permitirá disfrutar de su familia y de la vida sin el reloj en la mano.

A pesar de los cambios, la historia de Piccolo continúa. La ciudad de Valladolid espera con interés quién tomará el relevo en este icónico espacio del barrio de Cantarranas. Los próximos meses serán clave para resolver el futuro de este querido establecimiento.

por redaccion