Ávila vive estos días un acontecimiento cultural de primer orden. Se cumplen cien años desde que San Juan de la Cruz fue proclamado Doctor de la Iglesia, un título que el papa Pío XI le otorgó en 1926 y que la ciudad abulense, profundamente ligada a su figura, celebra con una agenda repleta de actos.

El santo nacido en Fontiveros, en plena provincia de Ávila, es uno de los grandes referentes espirituales y literarios del Siglo de Oro español. Su obra mística, con joyas como el Cántico Espiritual o la Noche Oscura del Alma, sigue siendo estudiada y admirada en todo el mundo. Por eso este centenario no es un aniversario cualquiera para los abulenses.
Durante estas semanas, la ciudad ha acogido conferencias, exposiciones, recitales poéticos y jornadas académicas que han reunido a estudiosos llegados desde distintos puntos de España y del extranjero. Los espacios más vinculados al santo, como el museo que lleva su nombre, han multiplicado sus visitas y se han convertido en el corazón de los festejos.
Los vecinos también han participado de manera activa. Procesiones, actos litúrgicos y encuentros culturales populares han dado un carácter cercano y festivo a una efeméride que, de otro modo, podría haberse quedado en el ámbito puramente académico.
Las autoridades locales han destacado la importancia de esta conmemoración para el turismo y la identidad cultural de Ávila. La ciudad, ya de por sí conocida en el mundo entero por ser cuna de Santa Teresa, redobla ahora su apuesta por el misticismo como seña de identidad.
No es casualidad que Ávila sea considerada la capital del misticismo español. Tener a dos Doctores de la Iglesia ligados a su tierra es un patrimonio que la ciudad cuida y proyecta hacia el exterior con orgullo.
El centenario concluirá en los próximos meses con actos de clausura que prometen ser un digno colofón a un año marcado por la espiritualidad, la cultura y la memoria de uno de los grandes genios que esta tierra ha dado al mundo.



