Ávila acoge una propuesta escénica poco habitual que invita al público a cerrar los ojos y dejarse llevar por el resto de los sentidos. Una experiencia que promete remover por dentro a quien se atreva a vivirla.

La ciudad amurallada recibe estos días una compañía circense con una apuesta diferente: apagar la vista para encender todo lo demás. El espectáculo, que tiene lugar en un espacio habilitado para la ocasión, propone al espectador renunciar voluntariamente a la percepción visual y confiar plenamente en el oído, el tacto, el olfato e incluso el gusto para construir la función en su propia imaginación.
La propuesta no es un circo al uso. No hay que buscar las piruetas con los ojos ni seguir la trayectoria de un malabarista en el aire. Aquí el protagonismo lo toman los sonidos de los cuerpos en movimiento, el rumor del aire cuando un artista pasa cerca, los aromas que inundan el espacio o la vibración que transmite el suelo bajo los pies del público.
Los organizadores apuestan por una experiencia inmersiva que rompe con la pasividad del espectador tradicional. Cada persona vive una función diferente, construida desde sus propias sensaciones y recuerdos. El mismo espectáculo puede resultar íntimo y poético para unos, o intenso y desconcertante para otros.
La duración de la propuesta está pensada para que el cuerpo tenga tiempo de adaptarse a la ausencia de luz y de abrirse a lo que normalmente queda en segundo plano. Quienes ya han pasado por experiencias similares aseguran que la vuelta a la visibilidad, al terminar, tiene algo de revelación.
Ávila, con su carácter recogido y su centro histórico lleno de rincones con historia, se convierte en un marco idóneo para recibir este tipo de iniciativas que buscan sacudir los hábitos del ocio convencional.
La actividad está abierta a adultos y también, en algunas sesiones, a familias con niños mayores de cierta edad, aunque se recomienda consultar los detalles antes de acudir. Las entradas pueden adquirirse a través de los canales habituales de venta de espectáculos locales.
Una oportunidad para descubrir que a veces, ver menos es sentir mucho más.



