La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha decidido poner fin a los encuentros que mantenía dos veces al año con los grupos parlamentarios en la sede del Gobierno regional, lo que ha desatado un nuevo enfrentamiento entre el PP y la oposición en la Asamblea madrileña.

La portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, fue la primera en cargar contra la presidenta autonómica tras la Junta de Portavoces. En declaraciones a los medios, acusó a Ayuso de estar «replegada sobre sí misma» y de ser «incapaz de escuchar y atender a los problemas de los ciudadanos». Bergerot llegó a ironizar con que la presidenta debería más bien reunirse con abogados para resolver sus «casos judiciales».
Desde el PSOE, la portavoz Mar Espinar optó por restarle importancia al asunto, afirmando que estos encuentros «no aportaban absolutamente nada». Espinar relató que en la única reunión que llegó a mantener con Ayuso, cuando intentó plantear asuntos de actualidad, la presidenta la «echó de su despacho». Aun así, consideró que quien «más pierde» con el fin de estas citas es la propia Ayuso, ya que era «la única foto que tenía que se pareciera a una política institucional y con clase».
Sin embargo, el PP ofrece una versión muy distinta de lo ocurrido. El portavoz popular en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache, defendió que la decisión de Ayuso responde al deterioro al que, a su juicio, la propia oposición sometió esas reuniones. «Es una pena que la oposición haya tirado por tierra una iniciativa que durante años mantuvo la presidenta», afirmó.
Díaz-Pache explicó que los encuentros se celebraban dos veces al año, en septiembre y en enero, y que se habían mantenido incluso en etapas de mayoría absoluta. El problema, según el portavoz, es que la oposición utilizaba esos espacios para «insultar a la presidenta o a su Gobierno en privado» para luego repetirlo en público, vaciando de sentido la iniciativa.
«Cuando deja de ser útil una iniciativa, entiendo que hay que sustituirla o reformularla», subrayó Díaz-Pache, quien recordó que el objetivo original era que los grupos pudieran hablar «con tranquilidad sobre propuestas de utilidad para los madrileños».
El episodio refleja el clima de máxima tensión que vive la política madrileña al arrancar el nuevo curso, con todos los grupos atrincherados en posiciones difícilmente conciliables y sin visos de que el diálogo entre el Gobierno regional y la oposición mejore a corto plazo.



