Casi dos años de retraso y sin fecha de reapertura: el calvario de los viajeros del tren entre El Astillero y Orejo

Los vecinos que utilizan a diario el tren para desplazarse entre El Astillero y Orejo llevan meses atrapados en una interminable espera. Desde noviembre del año pasado, el servicio ferroviario permanece completamente cortado y nadie sabe con certeza cuándo volverá a funcionar.

Casi dos años de retraso y sin fecha de reapertura: el calvario de los viajeros del tren entre El Astillero y Orejo

La obra de duplicación y electrificación de los aproximadamente siete kilómetros de vía de la línea de Cercanías C-3, que une Santander con Liérganes, se adjudicó en octubre de 2022 a la empresa Vías y Construcciones por 37 millones de euros y un plazo estimado de dos años. Hoy, cuatro años después del inicio de los trabajos, la actuación acumula casi dos años de retraso y el presupuesto ha escalado hasta los 50 millones de euros.

Mientras tanto, los afectados no tienen más remedio que recurrir a autobuses lanzadera que cubren por carretera el trayecto entre ambas localidades. Una solución provisional que se ha convertido en algo permanente sin fecha de caducidad.

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Adif, la empresa pública responsable de la infraestructura ferroviaria, optó el pasado noviembre por cortar totalmente la circulación para intentar acelerar los trabajos y reducir los retrasos acumulados. Inicialmente, el parón iba a durar apenas cuatro meses, con una reapertura prevista para marzo. Pero ese plazo ya ha pasado y la línea sigue sin servicio.

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Un recorrido por los 6,8 kilómetros del proyecto deja una imagen reveladora. El nuevo puente metálico de 114 metros construido sobre la ría de Solía es uno de los elementos más visibles de la obra, pero aún no alcanza la otra orilla. La estación de La Cantábrica, en El Astillero, está siendo completamente renovada, con una nueva pasarela en construcción para conectar los andenes.

La situación recuerda a otro sonado caso reciente en Cantabria: las obras del nudo de Torrelavega en las autovías A-67 y A-8, que se prolongaron tres años y medio más de lo previsto y desbordaron en 50 millones el presupuesto inicial, hasta rozar los 140 millones en total.

La empresa adjudicataria, filial del grupo ACS que preside Florentino Pérez, llegó incluso a paralizar los trabajos para reclamar modificaciones en el proyecto y mejores condiciones de ejecución.

Los viajeros de El Astillero y Orejo sabían que la mejora tendría un coste en incomodidades. Lo que no esperaban era que ese coste se convirtiera en una factura sin fin, pagada cada día con tiempo perdido y autobuses en lugar de trenes.