Catorce vecinos de Vigo de Sanabria aprenden a fabricar una pandereta desde cero en un taller que reivindica la artesanía tradicional

La antigua escuela de Vigo de Sanabria acogió el pasado sábado un taller artesanal en el que catorce personas aprendieron a construir su propia pandereta de principio a fin. Ocho horas de trabajo manual con madera, piel y chapa para recuperar un oficio que corre el riesgo de perderse en la comarca de Sanabria.

Catorce vecinos de Vigo de Sanabria aprenden a fabricar una pandereta desde cero en un taller que reivindica la artesanía tra

La iniciativa partió de la asociación La Visparra, ligada a la tradicional mascarada del pueblo, que contó con la colaboración de Sofía, panderetera y tamborilera vinculada a la localidad, quien ejerció de enlace con Toño Clavel, el artesano encargado de impartir el curso. El precio de la jornada fue de 50 euros y el aforo quedó completo desde el primer momento.

Los participantes no se limitaron a ensamblar piezas ya preparadas. El proceso fue íntegro: fabricar las sonajas, trabajar el aro de madera, preparar y coser el parche, y completar el instrumento con todos sus detalles. Un aprendizaje paso a paso que llenó el aula de golpes de martillo y el inconfundible tintineo metálico de las sonajas.

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La jornada también incluyó una pausa para comer, lo que convirtió la actividad en algo más que un simple curso. Fue una tarde de convivencia entre vecinos de un pueblo de poco más de un centenar de habitantes que se reunieron para compartir tiempo y tradición.

Ana, una de las participantes, lo resumía con sencillez y satisfacción: «Nunca había hecho una pandereta y está guay. Todo el día nos hemos echado aquí, pero muy bien.» Su siguiente reto, reconocía entre risas, será aprender a tocar el instrumento que acaba de fabricar con sus propias manos.

El propio Toño Clavel no ocultó su sorpresa ante la respuesta del pueblo. «Es increíble que en un pueblo de ciento y pico habitantes salgan 14 personas. Porque normalmente te salen 20 en una ciudad grande», señalaba el artesano, que también destacó el compromiso y la actitud trabajadora de todos los asistentes.

El taller se cierra como un ejemplo de cómo las comunidades rurales pequeñas pueden convertir la cultura tradicional en un punto de encuentro vivo, alejado del museo y cerca de las manos de quienes la heredan.