El santuario de Lluc volvió a llenarse de vida en la madrugada del domingo cuando más de 5.000 personas llegaron a su destino tras horas de caminata nocturna. Era la 45ª edición de la Pujada a Lluc a Peu, una cita que año tras año demuestra que las tradiciones arraigadas en la tierra no se apagan con el tiempo.

Los participantes procedían de los 45 municipios de la Part Forana, lo que convierte esta marcha en uno de los actos de participación popular más multitudinarios de la isla. Durante toda la noche, los caminos que llevan al santuario se animaron con el paso constante de miles de mallorquines de todas las edades, sin que se registrara ningún incidente.
Al llegar a Lluc, los caminantes fueron recibidos con chocolate caliente, un gesto sencillo que se ha convertido en símbolo de acogida y recompensa tras el esfuerzo de la noche. La mañana continuó con un encuentro de gegants y los actos institucionales y religiosos que forman parte del programa tradicional.
La Asociación de los Antiguos Blauets dio la bienvenida a los participantes antes de la ofrenda de los municipios, que aportaron ramos de flores y productos de la tierra. La jornada culminó con una eucaristía presidida por el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, con el acompañamiento musical de la Coral de los Antiguos Blauets.
Por segundo año consecutivo, el Consell de Mallorca asumió la organización del evento, tras relevar a los Blauets de Lluc, que tuvieron que ceder la responsabilidad por falta de recursos. Su presidente, Llorenç Galmés, se sumó a la marcha desde Inca y destacó el valor de esta tradición como seña de identidad colectiva de la isla.
La presidenta del Govern, Marga Prohens, también estuvo presente en los actos celebrados en el santuario y subrayó el esfuerzo compartido que representa completar el recorrido juntos.
La Pujada a Lluc a Peu no es solo una caminata. Es un encuentro entre pueblos, una mezcla de fe, superación y pertenencia que se renueva cada año con la misma fuerza. Mientras miles de personas cruzaron la puerta del santuario al amanecer, quedó claro que esta tradición sigue tan viva como el primero de sus 45 años de historia.
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