Paul Richardson llegó al norte de Cáceres hace más de veinticinco años buscando tierra, agua y silencio. Lo que no esperaba era acabar también dirigiendo un festival de música de cámara que hoy llena de notas los rincones más apartados de la Sierra de Gata.

Este periodista, escritor y crítico gastronómico británico, que firma en cabeceras como The Guardian o el Financial Times, vive en una granja ecológica en Hoyos junto a su pareja. Llegó desde Ibiza tras un viaje de trabajo que le llevó a entrevistar a la pianista Maria João Pires en Castelo Branco. El paisaje de la raya lo enamoró y ya no se marchó.
En la finca combina la agricultura de subsistencia con su faceta literaria. Su último libro, Hidden Valley, narra precisamente ese aprendizaje en la vida del campo que culminó durante la pandemia, cuando tomó conciencia de que había alcanzado la autosuficiencia que siempre había perseguido.
Pero Richardson tiene otra vida que muchos desconocen: la musical. Comenzó a estudiar piano con cinco años y a los dieciocho llegó a la final del concurso Joven músico del año de la BBC. Decidió después ganarse la vida con las palabras, aunque la música nunca lo abandonó del todo.
En 2007 fundó un pequeño festival en Hoyos con amigos que venían desde Londres o Madrid a tocar sin cobrar. Con el tiempo, el proyecto fue creciendo. En 2024, la Diputación de Cáceres comenzó a apoyarlo con una subvención permanente y el festival dio un salto: cambió su nombre a Gata Clásica y amplió su alcance a toda la comarca.
Este año, la edición arranca con una gala inaugural este viernes en el auditorio del Complejo Cultural San Francisco de Cáceres, donde el propio Richardson tocará el piano junto a la soprano francesa Eleonora Devèze. A partir del miércoles 29 de julio, el festival recorrerá San Martín de Trevejo, Hoyos y Moraleja hasta el domingo 2 de agosto con cinco sesiones de música barroca, coral y de cámara.
Entre los artistas confirmados destaca el violinista ucraniano Vadym Makarenko, que interpretará obras de Vivaldi con su grupo de música barroca, y el barítono extremeño Isidro Anaya, cuyo recital supone una novedad en el programa.
Richardson insiste en que el nivel artístico nunca se rebaja, aunque el escenario sea un pequeño pueblo de montaña. Para muchos vecinos de estas localidades, Gata Clásica es la única oportunidad de escuchar música clásica en directo. Y eso, dice él, no tiene precio.
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