De Oslo a León sobre dos ruedas: el mexicano con raíces leonesas que cruza Europa en bici para llegar a comer morcilla

Ernesto González tiene sangre leonesa, pasaporte mexicano y una bicicleta eléctrica cargada con veinte kilos de equipaje. Con esos tres ingredientes ha emprendido este verano uno de los viajes más singulares que se recuerdan con destino a la capital leonesa.

De Oslo a León sobre dos ruedas: el mexicano con raíces leonesas que cruza Europa en bici para llegar a comer morcilla

El reto es mayúsculo: cubrir los 3.300 kilómetros que separan Oslo de León en aproximadamente 33 días, cruzando Europa de norte a sur y pasando por algunas de sus ciudades más icónicas.

González, empresario y profesor en la Universidad de León, asegura tener ocho apellidos leoneses, lo que lo convierte en un leonés de pleno derecho pese a haber nacido en México. Esa vinculación con la tierra es precisamente uno de los motores que impulsan su pedal día tras día.

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La ruta que ha trazado le lleva desde la capital noruega hasta Ámsterdam, Bremen y Brujas, para después atravesar Francia con parada en París y entrar a España por San Sebastián. Desde allí, el camino continúa por Pamplona, Logroño y Burgos hasta alcanzar su destino final: León, donde tiene reservada una buena ración de morcilla como recompensa.

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En una parada en Hamburgo, con la primera semana de viaje ya en las piernas, González describía la experiencia como más que gratificante. Viaja solo, acompañado únicamente por su bici eléctrica de montaña y sus alforjas, en las que guarda la tienda de campaña y todo lo necesario para el camino.

La idea nació de su relación con la firma leonesa Urban Biker, donde descubrió las posibilidades de las bicicletas eléctricas de montaña. Una tecnología que, según él mismo reconoce, es una maravilla y que le ha dado la confianza para embarcarse en semejante aventura.

El viajero no se ha puesto una fecha límite estricta. El número 33 para los días y los 3.300 kilómetros es un juego simbólico, pero lo que realmente importa es disfrutar del recorrido, sin prisas y sin presiones.

En los países del norte, donde la bicicleta es casi una religión, González está comprobando de primera mano cómo es cruzar un continente a la velocidad justa para verlo de verdad.

Cuando llegue a León, además de la morcilla, traerá consigo una historia que pocos pueden contar.