Toro ya tiene gigantes. Seis figuras de más de tres metros que llevan los nombres y los rostros de personajes históricos vinculados a la ciudad. Pero para que esos gigantes caminen, bailen y saluden al público hace falta algo que no se ve desde la calle: hace falta gente dispuesta a meterse debajo.

Son los cargadores. El motor oculto de la nueva Comparsa de Gigantes Ciudad de Toro. Vecinos de la ciudad que asumen la tarea de portar cada figura desde dentro de su estructura, soportando un peso de alrededor de 50 kilos, sin visibilidad directa, con el calor acumulado dentro y la responsabilidad de mover con seguridad una figura de más de tres metros entre el público.
La comparsa ha nacido con al menos dos cargadores por cada uno de sus seis gigantes, lo que ya suma una docena de personas implicadas en las figuras actuales. Fernando el Católico, Doña Elvira, María de Molina, el Conde-Duque de Olivares, el Tío Babú y la Labradora necesitan cada uno sus propios portadores, capaces de turnarse para garantizar la continuidad de los desfiles y la seguridad en cada recorrido.
Al frente de este grupo está Emilio Jiménez, representante de los cargadores y uno de los que también se meterá bajo la estructura en cada salida. Jiménez lo resume con una frase que mezcla orgullo, pertenencia y ese humor tan característico de Toro: los llevan con orgullo en los hombros porque son toresanos y quieren que todo el mundo sepa que tienen unos gigantes enormes y cermeños como ellos.
En la presentación oficial reconocieron que aún queda mucho por aprender. El viento, las cuestas, los arranques y las paradas son desafíos que solo se conocen de verdad cuando se sale a la calle. La experiencia llegará poco a poco, salida tras salida.
Pero el trabajo no termina cuando acaba el desfile. Los cargadores serán también quienes cuiden y mantengan las figuras fuera de las fiestas. Quienes sepan dónde pesa cada gigante, cómo gira, cómo reacciona con el viento. Ese conocimiento acumulado es el que, con el tiempo, convierte una comparsa nueva en una tradición arraigada.
Con la llegada prevista de los futuros cabezudos, el grupo irá creciendo. Más manos. Más hombros. Y más toresanos dispuestos a cargar con algo que, desde hoy, también es suyo.
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