Dos años después de la Dana, cientos de niños valencianos siguen estudiando en barracones que nadie prometió que durarían tanto

A casi dos años de la catastrófica dana que arrasó la Comunitat Valenciana, el nuevo curso escolar ha arrancado con una imagen que muchas familias temían repetir: los barracones. Las aulas prefabricadas que se instalaron como solución urgente y temporal siguen siendo la realidad cotidiana de cientos de alumnos en municipios como Alfafar, Catarroja, Massanassa, Paiporta o Utiel.

Dos años después de la Dana, cientos de niños valencianos siguen estudiando en barracones que nadie prometió que durarían tan

En Alfafar, cerca de 300 alumnos del CEIP Orba han vuelto este miércoles a los módulos prefabricados. El colegio tuvo que ser demolido tras los graves daños de la inundación y debe reconstruirse desde cero, pero las obras aún no están licitadas. Ni siquiera han salido a concurso.

La presidenta del AMPA del centro, Miriam Martínez, reconoce que este inicio de curso ha sido algo mejor que el anterior, cuando los niños regresaron con maquinaria todavía trabajando alrededor y sin poder usar el patio con normalidad. «Este año ha sido mucho mejor, los nenes han entrado más alegres», explica. Sin embargo, la inquietud de las familias no desaparece.

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Lo que más preocupa no son las condiciones dentro de los módulos, donde calefacción y aire acondicionado han funcionado con relativa normalidad, sino cuánto tiempo más habrá que esperar. En una reunión con la Conselleria de Educació a principios de año, a las familias se les mostró el proyecto del nuevo colegio y se les advirtió de que las obras podían retrasarse aún más si se incorporaban modificaciones en la distribución del edificio, como la reubicación de las aulas para alumnado con necesidades educativas especiales.

Meses después, las obras siguen sin licitarse. El propio Ayuntamiento de Alfafar reclamó en julio más arquitectos e ingenieros a la Dirección General de Reconstrucción para agilizar los proyectos pendientes. El alcalde, Juan Ramón Adsuara, fue claro: «La reconstrucción del CEIP Orba no puede seguir demorándose».

Las familias también señalan el riesgo de la ubicación de los módulos, instalados a ras de suelo en una zona que ya sufrió la inundación. «El miedo y la agonía no se nos van a quitar», admite Martínez. «Vuelven a un sitio donde ellos no quisieran volver, porque supuestamente era temporal. Podemos entender el primer año», pero temen que el próximo curso arranque exactamente igual.

La situación se repite en Catarroja, donde más de 1.500 alumnos del IES Berenguer Dalmau han iniciado también el año académico a la espera de que avance la reconstrucción de su centro. Lo provisional se enquista y la zona cero de la dana sigue esperando que las promesas se conviertan en ladrillos.