Lorenzo Guerra Revuelta, de Tanos, y Desiderio Gutiérrez Mora, Yeyo, de Sarón, se conocieron en 1951 durante el servicio militar en El Marsa, al norte de África. Setenta y cinco años después, sus familias han hecho posible el reencuentro que ninguno de los dos esperaba.

Todo comenzó cuando la familia de Yeyo le preguntó por sus recuerdos del cuartel. El anciano, de 95 años, recordó enseguida a un compañero con el que hizo buenas migas y lo presentó como lo haría ante cualquier superior: «¡Lorenzo Guerra Revuelta!». La respuesta de los suyos fue inmediata: «¡Pues ese es el que ha venido a verte!».
El encuentro tuvo lugar en Anaz, en el municipio de Medio Cudeyo, durante una merienda cargada de emoción y de recuerdos compartidos. Lorenzo, que con 96 años conserva una memoria envidiable, recordaba perfectamente a aquel joven cántabro con el que repartió tareas y órdenes en la base militar africana. Recuerda, entre otras cosas, cómo Yeyo se encargó de cocinar para el grupo durante varios días mientras él y otros compañeros atendían otras labores. «Pronto me hice amigo de ese muchacho», cuenta hoy con una sonrisa.
Lo más llamativo de esta historia es que, tras despedirse en África con poco más de veinte años, ambos vivieron sus vidas a apenas veinte kilómetros de distancia sin volver a saber el uno del otro. Yeyo regresó a Sarón, donde trabajó en un taller de motos y coches junto a su hermano. Lorenzo volvió a Tanos, donde se empleó en una fundición de hierro y mantuvo siempre un estrecho vínculo con la Agrupación de Danzas Virgen de las Nieves.
De aquella época en Marruecos, Lorenzo guarda anécdotas que arrancan carcajadas. Como la noche que una vaca lo sorprendió mientras hacía guardia y terminó disparando al aire, o cuando unos marroquíes quisieron regalarle un mono en agradecimiento por los periódicos que le enviaban desde Cantabria. Escribió a su madre para consultarlo. La respuesta llegó unos días después, clara y contundente: «¡Ni se te ocurra venir con un mono!».
Las familias de ambos, hasta entonces desconocidas entre sí, salieron de aquella tarde unidas por una historia que ninguna olvidará. Hay abrazos que llegan tarde, pero el de Lorenzo y Yeyo llegó justo a tiempo.
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