La Plaza de El Salvador en Valladolid se convirtió en el epicentro del carnaval, con una vibrante sesión musical el pasado 14 de febrero. A partir de las 19:30 horas, el DJ Juan Laforga y el Especial Curaçao llenaron el espacio público de ritmos caribeños, un cambio de ubicación que atrajo a un mayor número de asistentes y fomentó un sentido de comunidad entre los presentes.

Desde el inicio de la actuación, una pequeña multitud comenzó a congregarse en la plaza, motivada por la música y el ambiente festivo. A medida que avanzaba la tarde, familias y grupos de amigos se unieron, creando una atmósfera animada que fue contagiándose a cada rincón. La conexión del DJ con el público se hizo evidente, favorecida por la cercanía entre el escenario y los asistentes, permitiendo que la música se convirtiera en un hilo conductor de la celebración.
Algunas personas como Pablo Rebollo, que celebraba un cumpleaños, comentaron cómo llegaron casi por casualidad al evento. Él y su grupo disfrutaron de una experiencia inesperada que les brindó diversión y un buen ambiente, señalando que se sintieron atraídos por la música alegre. Otros, como Manuel Alonso, también resaltaron la importancia de eventos de este tipo en invierno, donde la alegría parece escasa. La diversidad de asistentes, desde familias hasta grupos de amigos, destacó la inclusión del evento.
Andrea Álvarez, presente con su grupo, compartió cómo se dejaron llevar por el ambiente festivo tras pasar un rato en un bar cercano. Los asistentes se unieron para disfrutar de la música mientras tomaban algo, creando un clima propicio para la socialización y el disfrute colectivo. La noche continuó con un incremento notable en la afluencia, lo que hizo que la plaza brillara con iluminación nocturna, acentuando la magia del momento.
El evento no solo fue una fiesta, sino que se convirtió en una plataforma de encuentros entre diferentes generaciones. Niños, jóvenes, adultos y mayores compartieron el mismo espacio, disfrutando de una experiencia conjunta. Daniel Rueda observó cómo la música atraía a todos, aunque sugirió que podría haber cabido un guiño al folclore tradicional para enriquecer la oferta musical.
La jornada culminó en un ambiente lleno de risas, bailes y disfraces que representaban la calidez del carnaval. Paula Pozo, acompañada por su familia, expresó su alegría por haber encontrado un lugar donde disfrutar del carnaval en un ambiente abierto y familiar. Todos coincidieron en que momentos como este son fundamentales para la cohesión social en la ciudad.
Con el cierre de la actividad, la Plaza de El Salvador mostró su capacidad para acoger eventos de gran envergadura. La música y el evento comunitario no solo animaron a los presentes, sino que también reflejaron el deseo de los ciudadanos por vivir y compartir experiencias enriquecedoras en la vida urbana. La próxima edición del carnaval ya está en mente para seguir promoviendo el disfrute y la vida en la calle.
