Burgos no deja de sorprender con sus historias de pueblo. Este fin de semana, la localidad burgalesa de Orbaneja Riopico fue escenario de una despedida que difícilmente olvidarán sus vecinos. El sacerdote Eduardo Dorado, que durante cuatro años ha formado parte de la vida cotidiana de la comunidad, cambió de parroquia de la manera más inesperada: subido a un improvisado escenario, con los auriculares puestos y los mandos de un equipo de música entre las manos.

La canción con la que debutó como pinchadiscos no fue cualquiera. Don Eduardo eligió una versión que mezcla el estilo del artista puertorriqueño Bad Bunny con el techno, compuesta por el sacerdote y DJ portugués Guilherme Peixoto. La letra, adaptada con humor y fe, rezaba así: por la mañana café, por la tarde oración, por la noche Dios, con su protección. El vecindario, que llenó la celebración, respondió con aplausos y carcajadas a partes iguales.
El propio Eduardo reconoció que la experiencia le superó para bien. Fue impresionante, hubo mucha gente y un ambientazo estupendo. Despedirse de esta manera, por todo lo alto, es una gozada, afirmó. Para él, la fiesta es también un reflejo de algo más profundo: es una forma diferente de vivir la iglesia y demuestra cómo la gente quiere a los sacerdotes en sus pueblos, señaló.
No es la primera vez que este sacerdote de 37 años llama la atención por su forma de conectar la fe con la cultura popular. Hace algún tiempo ya se hizo viral al incorporar durante una misa la letra de la canción Ama, ama, ama y ensancha el alma, del grupo extremeño Extremoduro.
En cuanto a su relación con la música, Eduardo no tiene reparos en reconocer que le apasiona casi cualquier estilo: el techno, el rock, el pop, el indie, la música clásica. Menos el reguetón, que no puedo con él, me gustan todos los estilos, bromeó.
Su primera sesión como DJ posiblemente no sea la última. Tampoco me importaría meterme en ese mundillo de hacer alguna música, no me lo esperaba y ponerse ahí delante de la gente estuvo muy chulo, confesó.
Orbaneja Riopico despide a un cura que, según sus feligreses, supo estar cerca de todos, tanto de quien va más a misa como de quien no. En este rincón de la provincia burgalesa, aseguran, siempre tendrá su casa.
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