El municipio de Sargentes de la Lora vive estos días un momento histórico. El equipo arqueológico que dirige Cristina Fraile ha concluido la cuarta campaña de excavación del dolmen de Villafría y ha comenzado ya a reconstruirlo para que cualquier vecino o visitante pueda contemplarlo en los próximos meses.

Acostumbrados a ver cómo los arqueólogos desmontan y analizan, resulta llamativo asistir al proceso contrario: volver a levantar un sepulcro neolítico tal y como estuvo hace unos 3.800 años. Los grandes ortostatos, esas losas de piedra que conforman el túmulo funerario, regresan a su posición original bajo la atenta mirada del veterano arqueólogo Germán Delibes, que a sus 77 años no pierde un detalle y se mueve por el yacimiento con la energía de quien acaba de empezar.
El objetivo del Ayuntamiento de Sargentes de la Lora es integrar el dolmen en la ruta Territorio Megalítico, con cartelería explicativa que ayude al visitante a entender lo que tiene ante sus ojos: una tumba colectiva construida en el Neolítico y utilizada durante siglos.
La campaña ha dejado hallazgos de gran valor. Además de más de 20 piezas de sílex blanco y una cuenta de collar, los arqueólogos han recuperado un fósil de caracol que el geólogo del equipo, Javier Basconcillos, ha confirmado como foráneo, ya que no pudo desprenderse de las calizas de la zona. Se considera parte del ajuar funerario.
Pero la sorpresa mayor llegó casi al final. Al levantar una piedra que habían dejado estratégicamente en su sitio para facilitar el acceso a la cámara, el equipo encontró debajo un esqueleto prácticamente completo, en posición fetal, con la única ausencia de la cabeza. Según los primeros análisis, se trataría de un hombre de unos 40 años, edad avanzada para aquella época.
Encontrar un individuo en conexión anatómica dentro de un dolmen es excepcional, ya que estas tumbas se usaron colectivamente durante cientos de años y los restos suelen aparecer mezclados. Este último enterrado sería, paradójicamente, el primero en llegar al sepulcro, lo que permitirá a los investigadores calcular cuánto tiempo estuvo en uso el dolmen de Villafría.
En total, entre las cuatro campañas se han identificado más de un millar de restos óseos. Los análisis de laboratorio determinarán edades, sexos, enfermedades y dieta de los sepultados, abriendo preguntas aún sin respuesta sobre por qué en estos túmulos apenas aparecen niños ni mujeres.
El dolmen de Villafría, virgen hasta su excavación, puede guardar todavía más respuestas sobre quiénes vivieron y murieron en estas tierras de Burgos hace cuatro milenios.



