Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, León pone el foco en una realidad que pocas veces recibe atención: la de las personas que se quedan. Familiares y amigos que un día pierden a alguien de la forma más inesperada y que deben aprender, con ayuda profesional, a vivir con esa ausencia.

Oihane Mateos Rodríguez, educadora social en Aldis Salud Mental León, trabaja a diario con supervivientes de suicidio. Son personas que llegan a consulta cargando con un peso emocional muy particular, distinto al de otros duelos.
«Llegan muy confundidas, con un batiburrillo de sentimientos. Conviven a la vez la tristeza, el enfado y el abandono porque esa persona les haya dejado, unido al shock de la situación», describe Oihane. A eso se suma, casi inevitablemente, la culpa.
Esa culpa es uno de los ejes centrales del trabajo terapéutico. Muchos supervivientes se preguntan por qué no vieron las señales, por qué no hicieron más. La educadora trata de ayudarles a entender que la información que tienen ahora no es la misma que tenían entonces.
«Si hubieran tenido el conocimiento o los recursos, habrían ayudado. Pero no es culpa de ellos», subraya.
No hay un único camino para sanar. Oihane insiste en que cada persona necesita un espacio propio y sin presiones para expresarse. «Hay que darles apoyo e incluso se puede ayudar con el silencio, solamente estando a su lado. No hay que condicionarles a cómo deben sentirse».
Desde el primer contacto, el profesional elabora un plan de intervención individualizado. Las sesiones son periódicas y se van espaciando a medida que el paciente avanza. Para familias también existen conferencias grupales sobre distintos aspectos del duelo.
La meta no es olvidar, sino poder recordar la vida del ser querido más allá del momento traumático de su muerte. Volver, poco a poco, a la cotidianidad.
Sin embargo, el camino tiene obstáculos externos. El estigma social pesa tanto sobre el suicidio como sobre el hecho de pedir ayuda psicológica, algo que sigue viéndose en ciertos sectores como una señal de debilidad.
«Yo creo que se ha progresado mucho en salud mental, pero estamos en una transición entre generaciones. Los más mayores todavía tienen mucho prejuicio», reflexiona Oihane, que lanza un mensaje claro: el duelo necesita apoyo, sea cual sea su causa.
En León, profesionales como ella trabajan cada día para que los grandes olvidados de estas tragedias dejen de estarlo.
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