Los ganaderos y agricultores de Cantabria viven uno de los veranos más duros que se recuerdan. La falta de lluvia y las altas temperaturas han secado pastos, fuentes y tramos enteros de ríos, obligando a los ganaderos a tomar decisiones que normalmente no llegan hasta el otoño.

«Los pastos comunales están arrasados, las fuentes se están secando y las vacas no paran de moverse en busca de comida y agua», explica Luis Pérez Portilla, secretario general de UGAM-COAG. Lo que está ocurriendo es que el ganado está bajando de los montes en agosto, cuando lo habitual es hacerlo en octubre o noviembre. Eso supone meses extra de alimentación a cargo del ganadero, con un coste que se prolongará hasta la primavera del año que viene.
La situación no se limita a una comarca concreta. Liébana, el valle de Soba, la zona de Guriezo y Castro, Valderredible, Campoo o la franja costera acusan el mismo problema: escasez de forraje y presión sobre los recursos hídricos.
El problema se agrava porque la producción de cereal en España ha caído un 42% este año, también por la sequía. La demanda de pienso y alimento para el ganado se ha disparado en toda Europa, y la competencia por los suministros es feroz. Compradores franceses y ganaderos de comunidades afectadas por incendios, como Castilla-La Mancha y Andalucía, están acudiendo a zonas de aprovisionamiento habituales para los cántabros, encareciendo los precios y generando una profunda incertidumbre en el sector.
Los representantes del campo ya se han reunido con el Gobierno regional para trasladar su situación. La Consejería de Desarrollo Rural ha encargado estudios técnicos para evaluar los daños y decidir si se solicitan ayudas al Ministerio o se articulan medidas propias. Mientras tanto, en algunas poblaciones ya circulan camiones cisterna para abastecer de agua a los vecinos.
Los embalses del Ebro y de Alsa se mantienen en buen estado tras el último año hidrológico, pero las cuencas sin regulación son las que más resienten el estiaje. Desde la Agencia Estatal de Meteorología señalan que el año es «ligeramente seco, pero no demasiado», y que habrá que esperar a los datos de agosto para confirmar si se trata de sequía meteorológica oficialmente.
Lo que los datos aún no certifican, los prados resecos y los lechos vacíos de los ríos ya lo dicen con claridad.
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