El Hospital Universitario de Cáceres dio un paso histórico el pasado 9 de julio al completar con éxito la primera cirugía de implante coclear asistida por un sistema robótico en toda la región. Una intervención que sitúa a Extremadura a la altura de los grandes centros hospitalarios del país.

El procedimiento, que permite reemplazar la función del oído interno dañado convirtiendo el sonido en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo, incorpora ahora la ayuda de un brazo robótico capaz de ejecutar movimientos que el pulso humano no puede garantizar con total precisión.

Francisco Ramos, jefe de la sección de Otorrinolaringología del centro y coordinador de la Unidad de Implantes Cocleares de Extremadura, es claro al respecto: el robot no sustituye al cirujano, sino que amplifica sus capacidades. La inserción del implante exige movimientos extremadamente lentos, uniformes y constantes, algo que los pequeños temblores involuntarios de cualquier mano humana no pueden replicar con plena fiabilidad.

Con el sistema robótico se logra una velocidad de inserción constante que minimiza el daño en la delicada estructura de la cóclea. Una inserción más lenta resulta más atraumática y favorece la preservación de las estructuras neurosensoriales, lo que se traduce en mejores resultados clínicos para el paciente. El tiempo de ingreso, no obstante, no varía: habitualmente se reduce a una sola noche.

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El Hospital Universitario es el único centro implantador coclear de Extremadura. El año pasado se realizaron cuarenta intervenciones y, desde que la unidad se puso en marcha en el año 2000, se han colocado alrededor de 450 implantes en la región. En toda España la cifra supera ya los 22.000 desde que se practicó la primera operación de este tipo en Barcelona en 1985.

Ramos subraya que esta tecnología permite a los pacientes extremeños acceder a las mismas prestaciones que ofrecen los grandes hospitales nacionales e internacionales sin necesidad de salir de su comunidad autónoma.

El médico también lanza un mensaje a quienes han perdido la audición y no se han decidido a dar el paso por miedo o desconocimiento. Perder la capacidad auditiva, recuerda, no solo afecta a los oídos: va apagando poco a poco la vida social, la confianza y la ilusión. Volver a escuchar la risa de un nieto o seguir una conversación sin esfuerzo puede cambiar una vida por completo.

Informarse, concluye Ramos, no obliga a operarse. Solo abre una puerta. Y muchas veces esa puerta conduce a recuperar algo que se creía perdido para siempre.