Dani Fontecha, guionista de uno de los programas de televisión más vistos en España y cómico con casi dos décadas sobre los escenarios, pone el broche final al ciclo de humor de verano en Zamora. El show, bajo el título «Viene a divertirse desde El Hormiguero», tuvo lugar el pasado 4 de agosto a las diez de la noche en las aceñas de Cabañales.

Fontecha reconoce que el cambio de fecha inicial, provocado por la semifinal del Mundial de Fútbol entre España y Francia, acabó jugándole a favor. «Estaba claro que, por mucho que te guste reír, no puedes competir con un partido de esas características», explica el cómico, que añade que tras un encuentro así la gente «no está para la comedia, sino más bien para celebrar o estar de bajón». La venta de entradas, según confirma él mismo, respondió muy bien al nuevo calendario.
El estilo de Fontecha apuesta por el ritmo y la cercanía. Sus monólogos encadenan chistes de manera continua sobre temas autobiográficos, desde anécdotas familiares hasta vivencias de viajes o los meses de pandemia, siempre con un tono blanco y familiar que conecta con el público de todas las edades.
«Cuando cuentas algún caso que te ha pasado, aunque luego le metas el matiz cómico, la gente lo agradece mucho, porque nota que es verdad», explica Fontecha, que no teme desnudarse ante el público con sus propias experiencias.
El humorista también reserva espacio para la improvisación y la complicidad local. Antes o durante el espectáculo pregunta sobre tradiciones, costumbres y personajes conocidos de cada ciudad para incluirlos en el show y arrancar así carcajadas de sorpresa entre los asistentes.
Fontecha lleva once años colaborando con el programa El Hormiguero, escribiendo chistes y llevando secciones junto a Pablo Motos. Lejos de ver ese trabajo como algo separado de su faceta como monologuista, asegura que ejercitar el cerebro a diario pensando en comedia hace que las ideas fluyan de forma más ágil cuando prepara sus espectáculos en solitario.
Para el cómico, el humor blanco no es el camino fácil. «Cuanto más blanco es, más talento esconde», sentencia, dejando claro que hacer reír sin herir a nadie requiere un trabajo creativo mayor del que parece.
Una cita perfecta para el verano zamorano, con las aceñas del Duero como escenario y la garantía de una hora de carcajadas aseguradas.
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