El IES Mariano Quintanilla de Segovia ha recuperado esta semana seis medallones en alto relieve que representan a ilustres personajes de la historia segoviana. Las piezas, que llevaban desde 1963 en depósito en la sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, regresan así al edificio que les vio nacer.

Los medallones muestran los bustos de Andrés Laguna, Diego Ochoa Ondátegui, Felipe Scio Riaza, Andrés Gómez de Somorrostro, Diego de Colmenares y Carlos de Lecea. Fueron modelados en torno a 1886 por el escultor vallisoletano Aurelio Rodríguez-Valentín Carretero, nacido en Medina de Rioseco y autor también de la conocida estatua de Zorrilla en Valladolid.
Su historia comienza en el paraninfo del antiguo instituto, donde formaban parte de una decoración más amplia de veinte medallones con figuras de las letras y las ciencias. Sin embargo, cuando ese salón fue transformado en gimnasio para adaptarse a los planes de estudio de la época, seis de las piezas fueron cedidas en depósito a la Academia, según consta en el acta del 3 de febrero de 1963.
Los quince medallones restantes no corrieron la misma suerte. Desaparecieron sin dejar rastro y existe el fundado temor de que acabaran convertidos en escombros. Entre los perdidos estaban los dedicados a San Frutos, Domingo de Soto y San Alfonso Rodríguez, junto a efigies de figuras universales como Cervantes, Séneca, Newton, Galileo o Copérnico.
El origen y la autoría de las piezas han podido documentarse gracias al trabajo de Carlos del Barrio, exdirector del propio Mariano Quintanilla, quien localizó en la biblioteca pública de Segovia el discurso pronunciado en 1886 por Epifanio Ralero, entonces director del centro. En ese texto, Ralero explica cómo impulsó personalmente la ornamentación del paraninfo y destaca el trabajo del joven escultor que ejecutó las obras.
Un segundo documento del año 1887, también hallado por Del Barrio, recoge los panegíricos en verso dedicados a cada uno de los personajes representados, lo que confirma la existencia de todos los medallones en aquella época.
La devolución de estas seis piezas supone un paso relevante en la recuperación del patrimonio educativo segoviano, aunque deja abierta una pregunta incómoda: qué ocurrió con los otros catorce medallones y si existe alguna posibilidad de localizarlos. Quien tenga información al respecto tiene ahora la oportunidad de arrojar luz sobre uno de los vacíos más llamativos de la memoria cultural de la ciudad.



