El precio del gasóleo hunde la rentabilidad de los pescadores baleares: más de la mitad de lo que ganan se va en combustible

Los barcos pesqueros de las Islas Baleares atraviesan uno de los momentos más duros de los últimos años. El encarecimiento continuado del gasóleo está dejando a la flota sin margen económico y poniendo en jaque la supervivencia de muchas embarcaciones que faenan a diario en las aguas del archipiélago.

El precio del gasóleo hunde la rentabilidad de los pescadores baleares: más de la mitad de lo que ganan se va en combustible

Desde finales del mes de junio, el precio del combustible marino no ha dejado de subir. En la actualidad, el litro de gasóleo pesquero ha alcanzado los 1,40 euros, una cifra que los propios pescadores califican de insostenible y que está cambiando por completo la ecuación económica de sus jornadas en el mar.

El problema es de fondo. El combustible no es un gasto secundario para un barco de pesca: es el corazón de toda la operación. Cuando su precio se dispara, el impacto se siente de inmediato en las cuentas de cada patrón, grande o pequeño. Y en este momento, ese gasto ya supera la mitad de todos los costes de explotación de la flota balear.

Noticias de Mallorca en tu WhatsAppGratis, sin registros y sin que nadie vea tu número.
Unirme al canal

Dicho de otra manera, por cada euro que entra en la caja, más de cincuenta céntimos se van directamente al depósito de combustible. Lo que queda ha de cubrir el mantenimiento del barco, los seguros, los salarios de la tripulación y mil gastos más. Con esos números, muchos se preguntan si tiene sentido seguir saliendo a pescar.

El sector lleva tiempo reclamando a las administraciones medidas concretas que alivien la situación. Las bonificaciones existentes no resultan suficientes, según denuncian los representantes de las cofradías, y piden que se actúe con urgencia antes de que más embarcaciones decidan amarrar definitivamente.

No se trata de un problema menor. La pesca artesanal forma parte de la identidad y la economía de pueblos como Port de Pollença, Portocolom, Alcúdia o Andratx. Si la flota mengua, se pierde empleo, se pierde tejido productivo y se pierde también parte del producto local que abastece los mercados y restaurantes de la isla.

El momento exige respuestas claras. Los pescadores mallorquines no piden privilegios, piden poder trabajar sin que el precio del gasóleo les haga perder dinero cada vez que sueltan amarras.