El Partido Socialista de León afronta el otoño con un reto de puertas adentro: encontrar un candidato que dispute las primarias al actual alcalde, José Antonio Diez, cuya relación con la dirección provincial lleva meses deteriorándose sin visos de mejora.

Si nada cambia, será en noviembre cuando la Agrupación Local del PSOE convoque el proceso interno para elegir quién encabezará la candidatura socialista en las próximas elecciones municipales. Para que las primarias se activen, la mitad de la militancia deberá avalar su convocatoria. Si no se alcanza ese umbral, Diez, como secretario local, mantendría automáticamente su condición de candidato.
Sin embargo, el ambiente en la agrupación no parece favorable al regidor. Fuentes del partido hablan abiertamente de «mucho malestar» entre la militancia y apuntan al «desgaste» acumulado durante estos años de mandato. «No hace políticas acordes con nuestros valores a nivel ciudad», sentencian desde el entorno socialista.
Entre los reproches que se le hacen al alcalde destaca su cercanía al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, del Partido Popular. Su presencia en la toma de posesión del dirigente popular, siendo el único cargo electo socialista en acudir al acto y aplaudirle, no ha caído bien entre sus compañeros de filas. A eso se suman sus ausencias en numerosos actos del propio partido.
El perfil que los socialistas leoneses buscan para plantarle cara es ambicioso: alguien capaz de aglutinar el voto progresista y, al mismo tiempo, el descontento de quienes simpatizaban con la labor de Unión del Pueblo Leonés en los últimos cuatro años. El partido no descarta que esa figura no sea necesariamente militante del PSOE.
También advierten de que Diez tiene un flanco débil en los barrios, donde históricamente ha conseguido buena parte de sus apoyos, y que una candidatura sólida de UPL podría arrebatarle ese voto.
No es la primera vez que el alcalde se enfrenta a una batalla interna. Hace cuatro años venció en unas primarias marcadas por la polémica, cuando se denunciaron presiones sobre la militancia para apoyar a la candidata oficial. Ganó entonces por apenas 48 votos. Ahora, el partido avisa de que el proceso deberá ser «limpio, transparente y sin juego sucio».
El aviso final hacia el regidor no puede ser más directo: «Nadie está por encima de las siglas, tengas el cargo que tengas».



