Benavente rescata uno de sus tesoros patrimoniales más singulares. La iglesia de San Juan del Mercado acoge estos días una delicada intervención de restauración sobre el sepulcro de la familia Carvajal, un conjunto funerario del siglo XVI que lleva años aguardando la atención que merece.

Los trabajos comenzaron en los últimos días de agosto y se prolongarán a lo largo de la primera quincena de septiembre. La iniciativa la impulsa y financia íntegramente el CEB Ledo del Pozo, entidad que desde hace años trabaja por preservar el patrimonio histórico de Benavente y su comarca, con la colaboración de la Diputación Provincial de Zamora y el Ayuntamiento de Benavente.
La ejecución de la restauración corre a cargo de la empresa leonesa restaurArt, especializada en este tipo de intervenciones sobre bienes históricos.
El conjunto que se está recuperando es un arcosolio ubicado en el muro del Evangelio del presbiterio. En su interior descansan los restos de Francisco Carvajal, figura ligada a los condes de Benavente, junto a los de su esposa Leonor de Quintana y los de su hijo, el canónigo Alonso de Carvajal, considerado el verdadero promotor del sepulcro.
La estructura está construida con sillares de piedra arenisca tallada a hacha de cantero, correctamente escuadrados, y guarda en su interior uno de los elementos más valiosos del conjunto: una sinopia que representa la Imposición de la casulla a San Ildefonso, santo vinculado a la onomástica de Alonso de Carvajal y símbolo también de homenaje a la casa Pimentel.
Los trabajos se centran en devolver la legibilidad y coherencia visual al sepulcro. Los restauradores están tratando grietas, golpes y fisuras mediante la reposición de morteros, además de realizar labores de limpieza y reintegración cromática. Una atención especial recibe la inscripción presente en la pieza, muy deteriorada por el paso del tiempo.
El objetivo final no es otro que permitir que vecinos y visitantes puedan contemplar y comprender este testimonio histórico en toda su dimensión, algo que hasta ahora resultaba difícil por el estado de deterioro acumulado durante siglos.
Con esta actuación, Benavente suma un nuevo capítulo en la recuperación de su memoria colectiva, demostrando que la conservación del patrimonio local es también una forma de cuidar la identidad de una ciudad.
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