Cuéllar vivió este jueves la despedida más emotiva de su ciclo de encierros. Los utreros de la ganadería madrileña Aurelio Hernando pusieron el punto final a cinco jornadas de tradición declarada de Interés Turístico Internacional, con una carrera que combinó velocidad, bravura y momentos de gran tensión en el tramo urbano.

A las ocho de la mañana se abrían los corrales del Cega con seis utreros de llamativa variedad de capas: dos jaboneros, un pinto claro, dos pintos negros y un negro bragado. La misma ganadería que cerró los encierros el año pasado volvía a asumir el honor del broche final, después de que durante la semana desfilaran por el campo cuellarano los hierros de Saltillo, Partido de Resina, Rosa Rodríguez y Beteta.
La manada se disgregó pronto al entrar en el pinar, lo que obligó a los 219 caballistas inscritos a emplearse desde el primer momento. El recorrido campero transcurrió con buena gestión en los puntos críticos, aunque los túneles de la autovía se cruzaron de forma fraccionada: primero cuatro toros y luego los dos restantes.
El encierro urbano se adelantó a lo previsto. A las 9.22 horas, con casi diez minutos de antelación sobre el horario esperado, el primer jabonero tomaba la delantera en la bajada del Embudo. La entrada fue limpia y los caballistas trabajaron con precisión para evitar que los animales se desviaran hacia la derecha. Uno de los novillos llegó a arrancarse contra las talanqueras, prueba de la intensidad que traían los animales.
Cinco utreros accedieron al recorrido urbano en primera instancia. El sexto, uno de los jaboneros, se quedó rezagado y obligó a los jinetes a regresar para reconducirlo. En la avenida de los Toros, mientras tanto, el negro bragado y los pintos volaban ante los mozos completando el recorrido en apenas dos minutos y medio.
A las 9.32 horas se iniciaba un segundo intento de bajada con el utrero rezagado. Hubo un nuevo contratiempo cuando algunos bueyes se desviaron del camino, pero el oficio y la paciencia de los caballistas volvieron a imponerse. El jabonero entró finalmente acompañado por los bueyes y ofreció al público varias carreras de intensidad antes de alcanzar la plaza.
Cuéllar cierra así una edición memorable de sus encierros, en la que participaron 220 caballistas procedentes de toda España. La tradición, viva y exigente como siempre, ya espera al año que viene.
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