La última noche de julio dejó imágenes estremecedoras en la comarca de Sayago. Desde el mirador de la Peña del Puio, en territorio portugués, cientos de puntos de fuego iluminaban la oscuridad del lado español, con Fornillos de Fermoselle en el centro de la preocupación.

La localidad no llegó a verse completamente cercada, pero sí vivió horas de máxima tensión. Las lenguas de fuego avanzaban peligrosamente cerca del pueblo mientras los equipos de extinción nocturnos, conocidos como los «Movember», trabajaban sin descanso para asegurar el perímetro y evitar lo peor.
La noche cambia las reglas del juego en un incendio. Sin helicópteros ni aviones, que no pueden operar en oscuridad, todo depende de los medios terrestres. Los bomberos y brigadistas avanzaban entre humo denso, pendientes abruptas, vegetación carbonizada y focos que, bajo la noche cerrada, resultaban aún más intimidantes. Su único objetivo era aguantar hasta el amanecer.
Las condiciones meteorológicas tampoco ayudaban al principio. La temperatura rondaba los 26 grados con viento soplando sobre un terreno ya muy castigado por días de incendio. En esas circunstancias, el fuego no descansa.
La situación empezó a cambiar pasada la medianoche. Las temperaturas bajaron hasta los 21 grados, la humedad aumentó y el viento giró de dirección. Ese respiro permitió a las brigadas ganar terreno y reducir la intensidad de los focos más activos. No era el final, pero sí un alivio después de horas de incertidumbre.
Al otro lado de la frontera, los vecinos de Picote y otras localidades portuguesas permanecieron en vela, observando desde el mirador cómo evolucionaban las llamas. Su preocupación no era solo de cercanía geográfica. En 2017, un incendio originado en Fermoselle terminó cruzando la frontera y causó jornadas dramáticas también en Portugal. Quienes lo vivieron saben que el fuego no respeta mojones ni límites administrativos, y que cuando el viento y la topografía se alían, las llamas pueden cruzar barrancos y laderas en cuestión de minutos.
Con la llegada del día, los medios aéreos volvieron a incorporarse a las labores de extinción, abriendo una nueva fase en la lucha contra un incendio que ha marcado el final de julio en Sayago con una imagen que tardará tiempo en borrarse de la memoria de sus habitantes.
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