Caballeros, juglares y personajes de otro tiempo tomaron este sábado las calles de Fuentenovilla. La localidad guadalajareña celebró su Mercado Medieval con una jornada cargada de historia, espectáculo y participación que convirtió la Plaza Mayor en el escenario perfecto para un viaje al pasado.

El entorno no podría haber sido más apropiado. La Picota y la iglesia, dos de los símbolos más reconocibles del patrimonio local, presidieron cada uno de los momentos de la celebración. Y es que Fuentenovilla no recreó una Edad Media ajena: volvió sobre su propia historia. En 1176, Alfonso VIII donó el municipio a la Orden de Calatrava, y en 1459 el maestre Pedro Girón le concedió el privilegio de Villazgo, otorgándole independencia y jurisdicción propia.
Desde el pasacalles inaugural, la jornada apostó por la participación del público. Los más pequeños fueron los grandes protagonistas, con talleres, cuentacuentos, búsquedas del tesoro y batallas de espadas de gomaespuma. Una de las actividades más vistosas fue la recreación de un trebuchet, la máquina de asedio medieval, que en esta ocasión lanzó globos de agua para deleite de los niños.
El componente didáctico estuvo presente en las exposiciones, que incluyeron recreaciones de instrumentos históricos de castigo y tortura con paneles explicativos, así como una muestra de armas donde los visitantes pudieron probarse yelmos y guanteletes y comprobar el peso que soportaba un caballero medieval. También hubo aves rapaces, un campamento medieval, teatro de títeres y un aula medioambiental.
La música corrió a cargo de Turdión Medieval, formación especializada en música antigua que recorrió la plaza con percusión, gaita bretona y gaita en sol. Su repertorio mezcló melodías medievales, música bretona y algunas de las Cantigas de Santa María. «Muchos de estos temas son auténticamente medievales, aunque hacemos nuestros pequeños arreglos para hacerlos más animados», explicó Elvira García, integrante del grupo.
La magia de Dani O’Magic completó la programación diurna con números a pie de calle que implicaron directamente al público de todas las edades.
La jornada se prolongó hasta bien entrada la noche, cuando un gran pasacalles y un espectáculo de fuego pusieron el broche final a una celebración que demostró que Fuentenovilla sabe honrar su historia con entusiasmo y mucha vida en sus calles.
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