Hallado en avanzado estado de descomposición un hombre de 88 años en Torres mientras sus vecinos llevaban años sin verle

Los vecinos del barrio de Torres, en Torrelavega, llevan días intentando asimilar lo que ocurrió el pasado viernes en el número 58 de una pequeña calle sin salida, casi oculta entre matorrales: la Policía Local encontró el cadáver de un hombre de 88 años, antiguo trabajador de la Mina de Reocín, tendido en su cama en avanzado estado de descomposición. Conviviendo con él estaban su hija y la pareja de esta.

Hallado en avanzado estado de descomposición un hombre de 88 años en Torres mientras sus vecinos llevaban años sin verle

La casa apenas se distingue desde la carretera. Alrededor, cientos de botellas de plástico, bolsas de basura y residuos acumulados durante años. Dos coches abandonados completan el desolador paisaje. El silencio solo lo rompe, de vez en cuando, el sonido seco de alguna botella recalentada por el sol.

Las hermanas Sonia y Ángeles González, vecinas del lugar, llevan mucho tiempo haciéndose preguntas sobre Velasco, como conocían al fallecido. La última vez que lo vieron fue hace años, paseando por el barrio en silla de ruedas. Después dejó de aparecer. Cuando preguntaban, la respuesta de la hija siempre era la misma: que estaba bien, en casa, en la cama. Les contaron incluso que tenía pendiente una operación de cataratas que finalmente no llegó a realizarse.

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«Yo te prometo que nunca pensé que estuviera muerto. Pensábamos que no estaba atendido, eso sí», asegura Sonia. Lo que no encajaba era que el matrimonio salía continuamente de casa cargado de bolsas, mientras su vecino, según todo indicaba, necesitaba atención constante.

Fue una visita a Servicios Sociales por el ictus de su madre lo que llevó a las hermanas a preguntar directamente por la situación de Velasco. Al día siguiente, llegó la Policía.

No era la primera señal de alarma. Hace unos cinco años, una asistente social había contactado con los vecinos porque nadie respondía en aquella casa. Y hace aproximadamente dos años, la Guardia Civil también se personó en la zona tras un aviso de otro hijo del fallecido, residente en Albacete, que tampoco lograba tener noticias de su padre.

La hija investigada y su pareja fueron detenidos el viernes. Sin embargo, el sábado ya se les vio de nuevo por el barrio, haciendo vida con aparente normalidad. «Les he visto haciendo la compra como si nada hubiese pasado», relata otro vecino que prefiere el anonimato. Los vecinos, pese a todo, son claros: «No son peligrosos. Nadie les tiene miedo».