Miles de vecinos y visitantes tomaron este sábado la Plaza de San Antonio para asistir al pregón de las fiestas patronales de Santoña, protagonizado por la Cofradía de Pescadores Virgen del Puerto, una institución con 134 años de historia que por primera vez recibió este honor.

El ambiente en la plaza era de pura euforia desde bien entrada la mañana. Los pañuelos marineros al cuello marcaban el uniforme del día, y la gente se agolpaba sin dejar un solo hueco libre. Los sones de los Ronceros y la Banda Cartón fueron el preludio perfecto para calentar a una multitud que ya no cabía en sí de emoción.
Poco antes de la una del mediodía, el característico sonido de la venta, ese aviso que resuena por toda la villa cuando los barcos regresan a puerto cargados de pesca, retumbó en San Antonio. La señal era clara: había llegado el momento.
Tras las palabras de bienvenida de las Manolas, la concejala de Festejos, Vanesa San Emeterio, y el alcalde, Jesús Gullart, que pidieron disfrutar de la semana con civismo y respeto, comenzó el verdadero protagonismo de la Cofradía.
Un audiovisual recogió los testimonios de trabajadores y representantes del Cabildo, entre ellos el patrón mayor Miguel Fernández, la responsable de ventas Begoña Badiola y la redera Conchi Aguirre. Todos coincidieron en definir a la Cofradía como el motor económico y el alma de Santoña, una gran familia sin la que el pueblo no se entiende.
Fue el pescador jubilado Manuel Vinatea quien puso voz al pregón ante el escenario. Con emoción contenida, recordó a los hombres y mujeres que durante generaciones construyeron la cofradía, el puerto y buena parte de la identidad de la villa, con un especial recuerdo para quienes perdieron la vida faenando en el mar.
«134 años de madrugadas, temporales, redes, subastas, hielos, cajas, manos curtidas y familias esperando en tierra», resumió Vinatea en uno de los momentos más emotivos de la mañana.
El estallido final llegó con los vivas a la Virgen del Puerto, a la gente de la mar y a Santoña, respondidos con un grito ensordecedor desde la plaza. El chupinazo sonó, los pañuelos se elevaron al cielo, las serpentinas blancas y rojas cayeron sobre la multitud y la imagen de la patrona recibió su pañuelo marinero, como manda la tradición.
Santoña tiene por delante una semana entera de jolgorio. Y la villa entera está lista para vivirla.



