Torrelavega está a punto de escribir uno de los capítulos más importantes de su historia reciente. El antiguo complejo fabril de La Lechera, una centenaria azucarera reconvertida en Bien de Interés Cultural, abrirá sus puertas antes de que termine 2026 como museo de arte contemporáneo y centro cultural, poniendo fin a tres años de obras y a casi una década de promesas e ilusiones colectivas.

El Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Torrelavega, instituciones que comparten la tutela del proyecto, han confirmado que la obra civil estará terminada en octubre. A partir de ahí, la apertura será progresiva pero firme.
Los primeros en llegar serán los alumnos de las escuelas municipales de arte. Cerca de 800 estudiantes de disciplinas como el circo, las artes plásticas o el folclore irán ocupando el espacio de manera ordenada desde el inicio del curso académico 2026-2027, con el objetivo de funcionar a pleno rendimiento en Navidad.
Poco después llegará el turno del museo. La Colección Norte, el catálogo regional de obra contemporánea que ha permanecido disperso durante décadas por distintas dependencias de la administración autonómica, encontrará por fin un hogar permanente en Torrelavega. Las piezas no serán trasladadas hasta que concluyan los trabajos, para evitar daños por polvo o suciedad. La sala que las albergará llevará el nombre de Javier López Marcano, en reconocimiento a uno de los impulsores del proyecto.
Para hacer posible todo esto, el Consistorio trabaja en la licitación de un contrato de 307.000 euros destinado al amueblamiento y equipamiento del complejo. La Consejería de Cultura, por su parte, avanza en la contratación del personal necesario para garantizar la seguridad de las obras y el correcto funcionamiento del museo.
Los 16 millones de euros invertidos se dividen en dos fases: 4,3 millones para habilitar el espacio museístico en algunas naves, y 11,7 millones en una segunda fase que se convirtió en el mayor contrato de obra adjudicado en la historia del Ayuntamiento de Torrelavega. Toda la financiación procede del Gobierno regional y de fondos europeos.
Con este equipamiento, Torrelavega aspira a posicionarse como una parada obligada en el itinerario cultural del norte de España, cerrando también una vieja deuda con la ciudad, que nunca olvidó la pérdida de la sede del Museo de Prehistoria de Cantabria hace años.
El otoño llega cargado de expectativas para la segunda ciudad de Cantabria.
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