La Malva-rosa frena a los coches: una ‘oreja’ de acera junto a un parque infantil obliga a reducir la velocidad

Los vecinos de la Malva-rosa llevaban tiempo alertando del peligro. Los vehículos cogían demasiada velocidad en la calle Enginyer Fausto Elío y el temor era especialmente grande junto al paso de peatones que da acceso al parque infantil del barrio. Esta semana, el Ayuntamiento de València ha respondido a esas quejas con una actuación concreta sobre el asfalto.

La Malva-rosa frena a los coches: una 'oreja' de acera junto a un parque infantil obliga a reducir la velocidad

El servicio de Movilidad del consistorio ha instalado, mediante pintura y bolardos, una especie de extensión de acera de cerca de 17 metros de longitud en el cruce de la calle Enginyer Fausto Elío con Joan Soriano i Esteve. Esta ‘oreja’, como se denomina técnicamente, quiebra la recta de la vía y obliga a los conductores a reducir la marcha para poder maniobrar, mejorando así la seguridad en ese punto concreto.

La medida no es casual ni caprichosa. La intervención se sitúa justo frente al paso de peatones que conecta la calle con el parque infantil, un lugar de paso habitual para niños, personas mayores y vecinos con movilidad reducida, los colectivos más vulnerables ante cualquier imprudencia al volante.

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Junto a esta actuación, el Ayuntamiento ha aprovechado para reorganizar el estacionamiento en la calle Joan Soriano i Esteve. Se han marcado ocho plazas para turismos en cordón y cuatro nuevas plazas reservadas para motocicletas, situadas junto a los pasos de peatones.

Esta última medida no es solo una cuestión de orden. Responde a una recomendación de la Dirección General de Tráfico y, desde el año pasado, es de obligado cumplimiento según el Reglamento General de Circulación aprobado en 2025. El objetivo es garantizar que los conductores que se aproximen a un paso de peatones cuenten con una visibilidad suficiente para anticipar la presencia de quienes van a cruzar, algo que un vehículo mal aparcado puede impedir por completo.

Con estas dos actuaciones, el barrio de la Malva-rosa suma una nueva mejora en materia de movilidad que llega directamente impulsada por la presión vecinal. Un ejemplo de cómo la denuncia organizada de los residentes puede traducirse en cambios reales sobre el terreno y en mayor seguridad para quienes recorren a diario sus calles.