El presidente de la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte y la Logística, Carlos Prades, recién reelegido para un nuevo mandato de cuatro años, lanza una advertencia clara: la futura terminal norte de MSC en el Puerto de Valencia puede convertirse en un problema mayor si no se construyen los accesos viarios necesarios antes de su puesta en marcha.

«Tendremos una megaterminal, pero si no hay nuevos accesos estaremos más colapsados», resume Prades en una frase que condensa uno de los grandes retos del sector logístico valenciano para los próximos años. El dirigente reclama con urgencia actuaciones concretas como el acceso norte al recinto portuario y el refuerzo de infraestructuras ya saturadas como la V-30 y el by-pass.
Más allá de las infraestructuras, el sector arrastra problemas estructurales que se resisten a resolverse. Uno de los más graves es el del combustible, materia prima esencial del transporte por carretera, cuyas oscilaciones de precio han puesto en jaque la viabilidad de muchas empresas. Con márgenes medios de entre el 3,5 y el 4%, un sobrecoste del combustible que llegó a representar el 18% de los gastos totales significó, en la práctica, trabajar con pérdidas en cada viaje.
Prades aclara que las empresas han trasladado parte de ese sobrecoste a sus clientes, aunque no en su totalidad. Quien no hubiera repercutido nada, insiste, «estaría cerrada». El problema es que los márgenes tan ajustados no permiten absorber diferencias de catorce puntos porcentuales durante tiempo prolongado, especialmente para las empresas de menor tamaño.
A esto se suma que las bonificaciones de 20 céntimos por litro aprobadas por el Gobierno para paliar el impacto de la guerra aún no han llegado a las empresas del sector. El Comité Nacional lo denunció públicamente hace apenas unos días. Y no es solo cuestión de cuantía: el retraso también golpea la tesorería de unas empresas que ya operan al límite.
Con todo, Prades se muestra moderadamente optimista. El sector se ha profesionalizado, ha ganado tamaño mediante concentraciones empresariales y eso aporta mayor estabilidad. Pero los problemas de fondo, desde la escasez de conductores hasta el bloqueo en las ITV, que obliga a modificar rutas y elevar costes, siguen sin resolverse.
La pregunta que queda en el aire es si las administraciones actuarán a tiempo o si Valencia verá cómo una gran oportunidad logística se convierte en un nuevo nudo de tráfico sin solución.
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