La comarca de la Rioja Alavesa vive estos días uno de sus momentos más señalados del año. La fiesta de la vendimia vuelve a congregar a vecinos y visitantes en torno a la recogida de la uva, convirtiendo los pueblos del territorio en escenario de una celebración que mezcla trabajo, cultura y alegría colectiva.

Septiembre es, para esta tierra, mucho más que el final del verano. Es el mes en que los viñedos entregan su fruto y en que las calles se llenan de color, música y el olor inconfundible del mosto recién prensado. Una cita que, año tras año, reúne a quienes han crecido entre cepas y a quienes llegan desde fuera atraídos por la fama de sus caldos.
Los actos programados incluyen, como es tradición, la pisada de uva en las plazas de los municipios, degustaciones de vino joven, exhibiciones de las labores propias de la cosecha y animación en las calles durante todo el día. Los más pequeños también tienen su lugar en la festividad, con actividades pensadas para que las nuevas generaciones conozcan de cerca el origen del producto más emblemático de la zona.
La vendimia no es solo una fiesta. Es también el momento en que bodegas y agricultores comprueban el resultado de meses de dedicación. Este año, las condiciones climáticas de la temporada han generado cierta expectativa sobre la calidad de la cosecha, aunque el optimismo predomina entre los productores locales, que confían en obtener uvas de alto nivel.
El ambiente festivo se extiende por toda la comarca, con pueblos como Laguardia, Elciego o Labastida tomando un protagonismo especial. Las calles medievales, los lagares centenarios y las bodegas abiertas al público crean una atmósfera difícil de encontrar en otro lugar.
Vitoria-Gasteiz, capital alavesa, también mira con orgullo hacia su comarca vinícola en estas fechas, consciente de que la Rioja Alavesa es uno de los grandes activos culturales y turísticos del territorio. Muchos gasteizarras aprovechan el fin de semana para acercarse y participar en una celebración que forma parte de la identidad colectiva de Álava.
Una fiesta de raíces profundas que, lejos de perder fuerza con los años, sigue ganando adeptos y consolidándose como uno de los eventos más auténticos del calendario alavés.
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