El emblemático edificio cultural del centro de Maó, situado junto al parque de Es Freginal, acumula más de dos décadas de cierre y su recuperación sigue sin fecha ni presupuesto definidos. El Ayuntamiento de Maó presiona al Govern balear para cerrar un convenio de financiación que permita, por fin, arrancar las obras de rehabilitación.

La Sala Augusta fue construida en 1950 y durante décadas acogió todo tipo de actos: desde sesiones de cine y representaciones teatrales hasta los populares bailes de carnaval. El Ayuntamiento la adquirió en 1984 y la remodeló, pero desde 2003 permanece cerrada al público, a la espera de una intervención que la devuelva a la vida cultural de la ciudad.
Técnicos municipales han mantenido ya dos reuniones con representantes de la Dirección General de Arquitectura del Govern, y está previsto un tercer encuentro a finales de agosto. El objetivo es avanzar en la elaboración de un proyecto básico de reforma. Se esperaba contar con ese esbozo en torno al pasado mes de junio para iniciar la licitación, pero el proceso se ha retrasado.
El alcalde de Maó, Héctor Pons, advierte de que el problema más urgente no es técnico sino económico. El Consistorio ya remitió una propuesta de convenio al Govern, institución que se había comprometido a sufragar la reforma, ya sea con fondos propios o con recursos del Impuesto de Turismo Sostenible. Sin embargo, esa respuesta aún no ha llegado.
«Es fundamental cerrar el tema de la financiación», subraya el regidor. Por ahora no hay presupuesto aprobado ni calendario concreto para que el edificio pueda recuperar su protagonismo en la agenda cultural y asociativa de Maó.
El propio alcalde reconoce que el Ayuntamiento ha centrado buena parte de su energía en los últimos tiempos en promover la construcción de vivienda social en el municipio, aunque sin abandonar la idea de recuperar la Sala Augusta. Cabe recordar que el espacio fue descartado como posible sede del conservatorio municipal.
La propuesta de futuro pasa por convertirlo en un recinto polivalente orientado a la cultura, con una configuración práctica que pueda dar respuesta a las necesidades reales de los vecinos.
Por ahora, uno de los edificios más queridos del patrimonio urbano de Maó sigue esperando que las instituciones se pongan de acuerdo para devolverle la vida.



