Las grandes obras culturales de València se quedan sin tiempo: retrasos, sobrecostes y promesas sin cumplir en el tramo final de legislatura

Valencia entra en la recta final de la legislatura con una larga lista de proyectos culturales que avanzan a trompicones. Con apenas nueve meses por delante antes de que arranque la campaña electoral, varias de las grandes infraestructuras que debían renovarse siguen atrapadas en trámites, recursos administrativos y plazos que no se cumplen.

Las grandes obras culturales de València se quedan sin tiempo: retrasos, sobrecostes y promesas sin cumplir en el tramo final

El caso más llamativo es el del Palau de la Música. Lo que en 2023 se presentó como una ambiciosa segunda fase de rehabilitación, dotada con 6,4 millones de euros y una veintena de actuaciones previstas para finales de 2026, ha quedado en papel mojado. A día de hoy solo se aguarda la recepción de una única obra de urgencia que, por cierto, debía costar 200.000 euros y durar tres meses. Va ya por los diez meses de ejecución y ha acumulado un sobrecoste del 50%. Del resto de intervenciones no hay rastro en los presupuestos.

El Teatre Escalante suma cuatro décadas sin sede propia y la situación no parece resolverse en esta legislatura. El nuevo equipo de gobierno cambió el plan heredado, descartó construir un edificio nuevo en Campanar y optó por rehabilitar el teatro del IVAF. Un giro que parecía acortar plazos, pero los retrasos se han vuelto a repetir. El contrato para redactar el proyecto, prometido para agosto de 2025, no se firmó hasta octubre. Las obras, que debían licitarse en el segundo trimestre de 2026, siguen sin convocarse.

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El Teatro Principal, propiedad de la Diputación, necesita una intervención estructural que ronda los 42 millones de euros. La institución ha decidido que ese esfuerzo económico y el coste político del cierre temporal del edificio los asuma quien gobierne a partir de mayo de 2027. Por ahora, el mantenimiento básico permite seguir abriendo sus puertas.

El Centre del Carme tampoco escapa a la dinámica general. Las salas Goerlich y Ferreres llevan desde 2024 cerrando en verano por falta de climatización. La Conselleria de Cultura ya tiene sobre la mesa el proyecto de adecuación, pero la contratación de las obras propiamente dichas está aún pendiente.

El panorama general dibuja una ciudad con grandes aspiraciones culturales y una capacidad de ejecución que, de momento, no está a la altura de los calendarios anunciados. La cuenta atrás electoral aprieta y las cintas de inauguración escasean.