Las últimas cigarreras de Valencia salen del olvido en una exposición que devuelve su voz a las obreras de la Fábrica de Tabacos

Once mujeres que trabajaron en la histórica Fábrica de Tabacos de Valencia desde 1965 hasta su cierre en 2002 protagonizan una exposición colectiva que abre este sábado en el Centre Cultural La Reina 121. El proyecto recoge fotografías de archivo, testimonios orales y documentos personales para rescatar una historia laboral que ha permanecido demasiado tiempo en la sombra.

Las últimas cigarreras de Valencia salen del olvido en una exposición que devuelve su voz a las obreras de la Fábrica de Taba

Durante décadas, las sirenas de la fábrica marcaron el ritmo de barrios enteros de la ciudad. Desde el Cabanyal, Benimaclet, Russafa o Alboraia, miles de mujeres hacían a pie el camino al trabajo cada mañana. Lo que encontraban allí no era solo una cadena de producción: era también un espacio de relaciones, de lucha, de celebración y de amistad que, en muchos casos, sigue vivo hoy.

La exposición nació de una propuesta de Vicenta Mengual, usuaria habitual del centro cultural y ella misma miembro de aquella última generación de cigarreras. «Ella vino un día y nos planteó la idea», explica Olga Álvarez Piña, promotora del proyecto. A partir de ahí, el grupo de once antiguas trabajadoras inició un proceso de recuperación de memoria que se ha prolongado durante cerca de diez meses.

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El punto de partida fueron los archivos domésticos: fotografías guardadas durante décadas en cajones y álbumes familiares. Pero también afloran historias y recuerdos que nunca habían tenido cabida en los relatos oficiales sobre la fábrica. Las imágenes van acompañadas de testimonios orales accesibles mediante códigos QR, para que sean las propias protagonistas quienes cuenten qué significaba trabajar allí.

La muestra huye deliberadamente de la imagen folclórica que suele asociarse a la cigarrera. Lo que propone es otra mirada: la de unas mujeres que sostuvieron economías familiares enteras, que transmitieron el oficio de generación en generación, y que también lucharon por sus derechos laborales. «Queremos reivindicar el papel de la mujer como pilar fundamental de la economía que sustentaba las familias», señala Álvarez.

El recorrido permite además seguir la evolución de la propia fábrica a través de las imágenes, desde las primeras trabajadoras de 1965 hasta los años noventa. También se recuperan las celebraciones en torno a la Virgen de los Desamparados, patrona del centro, y el antiguo asilo de lactancia donde las obreras podían dejar a sus hijos mientras trabajaban.

Una historia de mujeres que merece, por fin, ocupar el primer plano.