El fútbol vuelve a dejar en evidencia una carencia que muchos logroñeses conocen bien pero que solo se hace visible cuando cientos de personas caminan a la vez por los mismos lugares. Los accesos al campo de fútbol de Varea se han convertido, un domingo más, en un problema real de seguridad vial y urbana para los aficionados que acuden a ver a sus equipos.

Una tarde más de partido, una tarde más de improvisación. Decenas de seguidores tuvieron que abrirse paso entre vehículos aparcados y circular por calzadas sin aceras habilitadas para llegar hasta las instalaciones deportivas del barrio. Un recorrido que, para cualquier peatón en solitario, puede pasar desapercibido, pero que cuando se multiplica por cientos de personas se convierte en una imagen difícil de ignorar.
No es la primera vez que ocurre. La semana anterior, el partido de la UD Logroñés contra el Real Zaragoza disputado en la Ciudad Deportiva de Valdegastea ya había mostrado problemas similares en sus accesos. Parece que los eventos deportivos de cierta envergadura tienen la virtud de sacar a la luz deficiencias de infraestructura que llevan años instaladas en el día a día de estos barrios y zonas periféricas de Logroño.
El problema no es nuevo, pero la repetición lo hace más urgente. Varea es un barrio que ha crecido y que alberga instalaciones deportivas con actividad regular. Sin embargo, los accesos peatonales no han crecido al mismo ritmo. La ausencia de aceras adecuadas, la falta de señalización y la convivencia forzada entre coches y aficionados configuran un escenario que tarde o temprano puede acabar en un accidente.
Los vecinos del barrio llevan tiempo conviviendo con esta realidad, aunque son los días de partido cuando la situación se vuelve más llamativa y peligrosa. Familias con niños, personas mayores y aficionados de todas las edades se ven obligados a esquivar vehículos para llegar a disfrutar del deporte.
Logroño tiene en este punto una asignatura pendiente. El fútbol, como cualquier actividad que convoca a un número importante de personas, necesita entornos seguros para llegar y para salir. Que dos domingos seguidos las mismas carencias protagonicen la conversación debería ser señal suficiente para que el Ayuntamiento tome nota y ponga soluciones encima de la mesa antes de que el problema pase de ser una incomodidad a ser una tragedia.



