Los dueños de una bodega riojanoalavesa transforman un edificio entero del centro de Logroño en seis apartamentos turísticos de calidad

Los hermanos Alberto e Iker Martínez Pangua, propietarios de Bodegas Altún, han puesto la vista en el corazón de Logroño para dar un paso más allá del mundo del vino. Su apuesta es convertir el bloque completo de Hermanos Moroy 22 en seis apartamentos turísticos, una iniciativa que esperan tener lista para el próximo verano.

Los dueños de una bodega riojanoalavesa transforman un edificio entero del centro de Logroño en seis apartamentos turísticos

El edificio, situado junto a la calle Laurel y frente a uno de los accesos del mercado de San Blas, albergaba hasta ahora oficinas. Esa es precisamente una de las claves del proyecto: la rehabilitación no supone restar ninguna vivienda al centro histórico de la ciudad, sino reconvertir espacios que ya estaban destinados a uso comercial.

Los promotores ultiman en estos momentos la licencia municipal necesaria para acometer las obras. El camino no ha sido sencillo. El proyecto quedó paralizado el pasado noviembre cuando el equipo de gobierno municipal impuso una moratoria sobre nuevas licencias turísticas. No fue hasta abril de este año cuando se desbloqueó la situación, lo que retrasó los plazos pero no frenó la ilusión de los bodegueros.

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Alberto Martínez Pangua explica que la idea nace de una necesidad detectada en su propio negocio enológico en Baños de Ebro. Muchos de sus visitantes llegan a La Rioja y continúan su recorrido por Logroño y sus alrededores, y los hermanos querían ser parte de esa experiencia completa de enoturismo.

«Nos interesaba dar salida a algo que va en nuestro ADN, como es atender a la gente con las puertas abiertas», señala el bodeguero, que insiste en que el proyecto busca mantener ese carácter familiar e íntimo que define a la bodega desde sus inicios.

El plan encaja además con la nueva normativa aprobada por el Ayuntamiento de Logroño tras levantar la moratoria. El consistorio introdujo una modificación en el Plan General Municipal que declara el Casco Antiguo como zona saturada, permitiendo solo alojamientos turísticos en bloques completos, bajos con acceso independiente o plantas con impedimentos para uso residencial habitual. El edificio de Hermanos Moroy 22 cumple con esas condiciones.

Si los plazos se cumplen, Logroño contará el próximo verano con una nueva oferta de alojamiento turístico de calidad en pleno centro, firmada por una familia que lleva el trato cercano y el paisaje riojano grabados en su forma de entender el negocio.