Los forenses desmontan la tesis de enajenación del yerno acusado de matar a su suegro en Aranda: «Conducía, huía y borraba pruebas»

El juicio por el asesinato de un hombre en Aranda de Duero a manos de su yerno continúa revelando datos que complican la estrategia de la defensa. Este jueves, los peritos forenses que evaluaron al acusado, identificado como JLH, concluyeron que el procesado era plenamente consciente de sus actos tanto en el momento del crimen como durante las horas siguientes.

Los forenses desmontan la tesis de enajenación del yerno acusado de matar a su suegro en Aranda: "Conducía, huía y borraba pr

El análisis pericial, presentado ante el tribunal con jurado, señala que el acusado respondió de forma coherente, orientada y sin reticencias cuando fue atendido por los servicios de Psiquiatría. Su discurso era estructurado, con sujeto, predicado y verbo, aunque los expertos apuntaron que sus respuestas resultaban excesivamente elaboradas y extensas, con un tono que recordaba más a un examen escolar que a una conversación espontánea.

Los forenses pusieron especial énfasis en la conducta del acusado tras cometer los hechos. Según el informe pericial, después de agredir mortalmente a la víctima, JLH fue capaz de mantener la calma suficiente para conducir durante horas sin sufrir ningún accidente, lo que para los especialistas resulta incompatible con un estado de confusión o enajenación mental.

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A ello se sumaron lo que los peritos describieron como «maniobras posteriores» orientadas a destruir evidencias, entre las que destaca el formateo del teléfono móvil. Para los expertos, este tipo de acciones exigen un grado de planificación, atención y serenidad que descarta por completo una ruptura con la realidad en ese momento.

Los antecedentes del acusado complican aún más el cuadro. Dos meses antes del crimen, JLH había sido ingresado en el Hospital Universitario de Burgos por ideación suicida, y su entorno había detectado cambios llamativos en su comportamiento. Los informes médicos recogen que sufrió un brote psicótico con ideas delirantes y alucinaciones, si bien los peritos han matizado que eso no implica necesariamente una anulación de la consciencia.

La defensa sostiene que el hombre sufría una enajenación mental en el momento del crimen y durante la huida, provocada por una enfermedad que habría colapsado su capacidad de actuar de forma libre y voluntaria. Sin embargo, las conclusiones forenses chocan frontalmente con esa tesis.

El juicio continúa su curso en los próximos días, con el jurado popular llamado a decidir sobre la culpabilidad de un hombre cuya responsabilidad penal se ha convertido en el centro del debate judicial.