Los refugios del calor en Logroño: cerrados por la tarde, sin agua y algunos de pago

Con el agosto más tórrido pisando los talones, los vecinos de Logroño buscan dónde escapar del calor. El Ayuntamiento dispone de un mapa con 64 enclaves catalogados como refugios climáticos, pero la realidad de muchos de ellos dista mucho de cumplir con su promesa.

Los refugios del calor en Logroño: cerrados por la tarde, sin agua y algunos de pago

Parques, arboledas, iglesias, bibliotecas, consultorios médicos y hasta cafeterías municipales forman parte de esa red. El problema es que varios de estos espacios cierran sus puertas por la tarde, justo cuando el calor aprieta con más fuerza. Otros carecen de agua potable o de aseos, y algunos directamente exigen pagar para acceder a ellos.

La Red Española de Ciudades por el Clima establece que un refugio climático debe ser gratuito, accesible para todos, contar con zonas de descanso y disponer de agua potable. Requisitos que, según la organización ecologista Greenpeace, buena parte de los puntos logroñeses no cumplen. La entidad señala de forma específica que los refugios de interior de la ciudad abren solo en horario habitual e incluyen espacios de pago, lo que contradice el espíritu mismo de la iniciativa.

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Entre los casos más llamativos figuran la catedral y la iglesia de San Bartolomé, sin aseos ni agua potable; la biblioteca Rafael Azcona o el edificio municipal de La Antigua Estación, con horarios restringidos a la mañana; y el centro deportivo de Lobete, cerrado por mantenimiento.

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Desde la oposición, el concejal socialista Iván Reinares lleva tiempo denunciando esta situación sin éxito. A su juicio, en tres años de gobierno municipal no se ha avanzado nada: el equipo de Conrado Escobar tiene un plan y las herramientas, pero no los pone en práctica. Como único movimiento concreto, señala la licitación, que no la construcción, de una isla climática en el parque Felipe VI.

El plan aprobado en 2024 preveía para el periodo 2025-2028 la creación de diecinueve islas climáticas por más de 600.000 euros, nueve zonas con umbráculos y cinco nuevas fuentes ornamentales. Un ambicioso programa que, de momento, sigue sobre el papel.

El concejal de Urbanismo, Íñigo López-Araquistáin, defiende que la estrategia es amplia e incluye acciones como el baldeo diario de calles con alta inercia térmica, el aumento de masa arbórea y la instalación de difusores. Medidas útiles, pero que no convencen a quienes buscan un lugar donde sentarse y beber agua fresca sin mirar el reloj ni el monedero.

Mientras el debate político sigue abierto, los logroñeses afrontan otro verano bajo el sol.