Los residentes de la calle Josep Anselm Clavé de Maó viven una situación insólita: las ramas de los árboles plantados en la vía pública les impiden abrir y cerrar las ventanas de sus propias habitaciones. Una molestia cotidiana que se ha convertido en una queja vecinal recurrente y que el Ayuntamiento de Maó aún no ha resuelto.

La reclamación no es nueva ni tiene relación con los temporales recientes. Los afectados han trasladado su malestar al consistorio en varias ocasiones, siempre sin obtener respuesta ni solución concreta. Ahora esperan que este nuevo intento sirva para impulsar una poda que consideran necesaria e imprescindible para recuperar el uso normal de sus viviendas.
Mientras tanto, Maó acoge estos días un visitante ilustre. El expresidente del Gobierno Felipe González se encuentra en la isla disfrutando de unos días de descanso, hospedado en uno de los chalés del Passeig Marítim. Su presencia ha pasado relativamente desapercibida en el ambiente veraniego de la capital menorquina.
La actualidad de la isla no descansa. Santandria ha protagonizado esta temporada más sobresaltos de los habituales. Primero fueron los bancos de algas que ahuyentaron a los bañistas a principios del verano. Después llegó un vertido fecal que obligó a restringir el baño. Y esta semana, para cerrar el círculo de incidencias, una fuerte rissaga sacudió la zona causando el pánico entre locales y turistas.
En un tono más optimista, promotores culturales de las Islas Baleares han puesto sobre la mesa una propuesta que va más allá del turismo de sol y playa entre islas. La idea es organizar intercambios para visitar exposiciones y asistir a actos artísticos, con el objetivo de compartir cultura desde una visión genuinamente balear. Una iniciativa que busca tejer lazos entre las islas a través del patrimonio y la creatividad.
Cuatro noticias que reflejan bien el pulso de una Menorca que, en pleno final de temporada estival, sigue combinando la gestión de lo cotidiano con las sorpresas que depara el Mediterráneo.
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