El Metropol Parasol fue vendido como la gran palanca para revitalizar el corazón histórico de Sevilla. Hoy, tres lustros después de su inauguración, los datos del padrón municipal cuentan una historia bien distinta: el Casco Antiguo no ha dejado de perder habitantes desde 2012.

El entonces alcalde socialista inauguró las Setas en marzo de 2011, un mes antes de que las obras estuvieran realmente terminadas, para poder cortar la cinta sin incurrir en una infracción electoral. En ese acto prometió que la estructura, cuya construcción costó oficialmente 123 millones de euros, abriría las puertas al progreso económico y devolvería la vida al distrito más emblemático de la ciudad.
La realidad ha desmentido esa promesa con datos concretos. El Casco Antiguo alcanzó su máximo histórico de población en 2012, con 60.437 habitantes. Desde entonces no ha parado de vaciarse, hasta quedarse en 56.980 personas en 2024. Son 3.457 vecinos menos, una caída del 5,72%.
El barrio de Encarnación-Regina, donde se ubican físicamente las Setas, perdió un 7% de sus residentes entre 2012 y 2022, lo que equivale a 309 personas menos. Eso lo coloca como el séptimo barrio del distrito con mayor pérdida absoluta de población en esa década.
El entorno más cercano al monumento registra cifras aún más preocupantes. La zona censal de San Andrés, que linda directamente con el flanco oeste de las Setas, ha visto caer su población residencial un 14,72% entre 2016 y 2023. En ese mismo periodo, las viviendas de uso turístico han pasado a ocupar el 18,22% del parque de viviendas de la zona, un avance que los expertos señalan como factor clave en la expulsión de residentes.
Los barrios vecinos del norte no han corrido mejor suerte. Feria perdió 515 residentes españoles en el mismo periodo, mientras que San Julián fue el más afectado de todo el distrito, con 583 nativos menos y un saldo neto negativo de 457 habitantes.
Los beneficios económicos que prometió generar el Metropol Parasol parecen haberse quedado principalmente en manos de Sacyr, la empresa concesionaria que gestiona el conjunto. Para los vecinos de a pie, el balance es de comercios cerrados, pisos vaciados y un centro histórico que cada año se parece un poco más a un parque temático para turistas y un poco menos a un barrio vivo.
Las cifras no mienten: las Setas brillan en las fotos, pero no han conseguido retener a quienes vivían a su sombra.
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