El vuelo con destino a Londres que debía despegar a las 21.40 horas del viernes desde el aeropuerto Seve Ballesteros de Santander quedó cancelado en plena madrugada, dejando a casi doscientos pasajeros sin alternativas y a su suerte.

Todo comenzó con un retraso. El avión procedente de Londres no pudo aterrizar en Santander por el cierre del aeropuerto y fue desviado a Madrid, lo que desencadenó una noche de caos, desinformación y desesperación para quienes esperaban en las instalaciones cántabras.
Laura, Cristina y Marina habían viajado desde Asturias para coger ese vuelo. El plan era celebrar en la capital británica la despedida de soltera de Laura, reuniéndose con otras dos amigas que residen allí. Habían cuadrado agendas, reservado el viaje y organizado cada detalle. Nada de eso sirvió de nada.
En el aeropuerto, el personal de Ryanair les aseguró en un primer momento que el vuelo no se cancelaría y que estaban haciendo todo lo posible para que el avión aterrizara. Sin embargo, a las 00.45 horas fue una camarera quien les comunicó que el vuelo no saldría. Nadie del mostrador de la aerolínea se acercó a informarles.
Las opciones que les ofrecieron se limitaron a cambiar el vuelo a través de la aplicación móvil de la compañía. Sin autobús, sin hotel, sin ningún tipo de asistencia presencial, el grupo acabó buscando alojamiento por su cuenta a las dos de la madrugada. Al día siguiente, regresaron a Asturias con las manos vacías.
No fue el único caso. Begoña y su marido Ramón, también vecinos de Oviedo, vivieron una situación similar. La aerolínea les ofreció plazas para el domingo, el lunes e incluso el martes, pero sin ninguna compensación inmediata. Finalmente optaron por comprar billetes desde Bilbao con un sobreprecio de 200 euros para poder pasar el fin de semana con su hija en Londres, aunque ya perdieron las entradas para un musical.
Los pasajeros que permanecieron en el aeropuerto esperando alguna solución estuvieron allí hasta las cuatro y media de la madrugada. El autobús que trasladó a los viajeros que habían quedado en Madrid llegó al Seve Ballesteros al día siguiente.
La aerolínea no ofreció explicaciones oficiales sobre los motivos del incidente ni sobre la gestión de la crisis, dejando a los afectados con la única alternativa de reclamar por su cuenta lo que les corresponde por ley.
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