Salamanca vive estos días una atmósfera única y difícil de explicar a quien no la ha sentido. A las puertas del otoño, la ciudad del Tormes huele a incienso, a flor de naranjo y a procesión. La Semana Santa ha vuelto antes de tiempo, y lo ha hecho por todo lo alto.

Del 24 al 27 de septiembre, Salamanca acoge el XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías, un evento que ya ha comenzado a transformar el corazón de la ciudad con imágenes, sonidos y emociones que sus vecinos reconocen al instante.
El viernes 18 de septiembre fue el primer gran momento. El paso de misterio de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras cruzó el casco histórico arropado por una multitud que llenó las calles como si fuera Domingo de Ramos. Una estampa inédita en septiembre que dejó sin palabras a propios y visitantes.
Los balcones del Ayuntamiento también forman parte del escenario. Los reposteros de las cofradías, hermandades y congregaciones salmantinas vuelven a colgar del consistorio, devolviendo a la Plaza Mayor ese ambiente cofrade tan reconocible para quienes viven la Semana Santa desde dentro.
Los traslados solemnes a la Catedral Nueva continúan este fin de semana. El sábado será el turno de Jesús Nazareno, Jesús Rescatado y María Santísima del Dulce Nombre. El domingo cerrará el ciclo Jesús Flagelado. Estas cinco imágenes se unirán a otras once que se instalarán directamente en la Catedral para conformar la exposición Vía Áurea, que culminará el 26 de septiembre con una procesión extraordinaria.
La cultura y el arte también tienen su espacio en el programa. Tres exposiciones abiertas en distintos puntos de la ciudad permiten profundizar en el mundo cofrade salmantino y provincial, desde Torres de los Anaya hasta la sala de la Diputación.
El encuentro cuenta además con banda sonora propia. El viernes por la noche, la Catedral Vieja acogió el estreno de la marcha Vía Áurea, compuesta por Pedro Hernández e interpretada por la Banda de Música de Villamayor bajo la dirección de Sergio Manuel García González. El templo registró lleno absoluto.
Salamanca demuestra una vez más que su Semana Santa no entiende de calendarios. La ciudad sabe convertir septiembre en abril, y este año tiene una razón extraordinaria para hacerlo.
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